El desarrollo pide maestros

Douglas [email protected]

Un empresario me comentó esta semana que mientras los países pobres buscan cómo montarse en el avión más rápido, para relanzar sus economías, Nicaragua viaja en carreta y en muchos casos con los bueyes detrás. Un día después le hallé sentido a sus palabras al escuchar que los maestros no tienen derecho a la asistencia médica del Seguro Social y hasta este año empezarán a incluirlos poco a poco.

Es una de las tantas contradicciones con las que topamos cada día en Nicaragua, donde con frecuencia oímos hablar de opciones de desarrollo para el país, mientras los maestros, que son elementales para ese progreso, tienen las mayores limitaciones socioeconómicas entre los técnicos y profesionales peor pagados aquí.

Cualquier especialista sensato que uno consulte sobre las posibilidades de mejorar la economía, de forma sostenida, dirá que la clave es invertir en recursos humanos, en educación, para luego conseguir un uso más productivo de la tecnología. Incluso, cuando hablamos de problemas productivos del sector agrícola, el factor educación sobresale.

En una ocasión pregunté al director de la escuela agropecuaria Zamorano, Keith Andrews, cómo podía Nicaragua afrontar la baja producción de granos básicos y él afirmó que ésta es consecuencia de “la falta de recursos humanos debidamente preparados, porque en los países educados o con pueblos con alto nivel de educación práctica, siempre hallan la manera de satisfacer sus necesidades alimenticias”.

Andrews sostiene que un país que no sabe cómo educar a la próxima generación, no tiene futuro, porque los niños de hoy serán los productores y líderes del mañana, de los que dependerá la competencia económica y los cambios en las condiciones de vida de toda la población.

Nicaragua es un país con ventajas porque tiene agua, tierras agrícolas y bosque, pero su crisis económica puede volverse crónica si persiste la falta de visión y las nuevas generaciones carecen de los conocimientos técnicos necesarios para elevar la capacidad productiva.

Si sabemos que la educación es la base de cualquier opción de desarrollo, también debemos tener claro que la calidad de los conocimientos depende mucho de quien los transmite, más que de los planes o textos. Es una relación entre educandos y educadores, pero el ánimo de estos es susceptible a sus condiciones de vida. Una maestra cargada de problemas y sin derechos básicos, como la atención en salud, tiene que hacer grandes esfuerzos para enseñar con lucidez y entusiasmo.

El ministro de Educación, Fernando Robleto, decía con cierto regocijo que ya los maestros están llegando a percibir un salario de un mil córdobas (75 dólares) por mes.

Conocí el caso de una maestra que impartió clases por más de 20 años y cuando la doblegó una enfermedad terminal fue a pedir asistencia al Ministerio de Educación. Soportó muchas humillaciones y sólo le dieron tres mil córdobas, ni siquiera el siete por ciento de lo que le costó la última operación antes de morir en 1997.  

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí