- En Nicaragua sólo hay un escenario electoral: liberales versus sandinistas. Así lo decidió el electorado en 1996 y lo consagró el pacto libero-sandinista en la Ley Electoral. La decisión final del Partido Conservador reafirmará ese escenario, fortaleciendo la opción liberal, o se creará un segundo tablado si los conservadores rechazan la invitación del PLC y encabezan una alternativa electoral intermedia. Sobre esa disyuntiva histórica debaten hoy nuestros invitados.
Silviano Matamoros Lacayo
Existe presión en el ambiente político por realizar lo que se ha dado en llamar una alianza de partidos democráticos, esto ha provocado que algunos partidos estén queriendo ejercer presiones sobre el Partido Conservador para buscar alianzas precipitadas y ganar notoriedad en río revuelto.
Llenas de errores han estado en el pasado las alianzas precipitadas que nuestro partido ha hecho al carecer las mismas de importancia nacional, cargadas de protagonismo, de miopía política, de cortoplacismo, alianzas que necesariamente se han roto como los malos matrimonios, dejando como únicos resultados, críticas, perjuicios, heridas, resentimientos y frustraciones. Es pues necesario en el futuro actuar con mesura, cálculo político y conciencia clara de objetivos, para darle a cualquier alianza, sentido y justificación.
Yo invito a los políticos de mi partido que en su momento oportuno, si fuere conveniente a nuestros objetivos, principios e ideales, conformar una alianza sin temor, con inspiración y buena fe, con partidos verdaderamente representativos; una alianza que refleje el interés del pueblo, no una alianza realizada con más pena que gloria, una alianza seria y sustanciosa que apague las voces de los timoratos que siempre surgen, una alianza que impulse el desarrollo de la democracia y del pueblo, una alianza que justifique el esfuerzo político de los partidos que la conformen, un compromiso solemne que garantice la confianza y los derechos del pueblo una vez conquistado el poder.
De no ser posible una alianza patriótica con partidos de claro contenido democrático y dimensión para triunfar, es políticamente mejor no aliarse y continuar en forma independiente preservando la transparencia de nuestra lucha conservadora por sacar a nuestras instituciones nacionales y a nuestro pueblo del deplorable estado en que vive, aunque nos tome más tiempo en lograrlo.
Para alejar las suspicacias sectarias de una alianza política partidaria y para asegurar y complementar los intereses nacionales, es indispensable comprometer en dicha alianza la participación de la sociedad civil en un proyecto nacional en el cual tanto el aspecto político, como el aspecto civil están en juego.
1) En primer lugar habrá que considerar sine-qua non, luchar y discutir por una profunda reforma a la ley electoral vigente, creada ad-hoc por un mal pensado convenio entre el liberalismo y el sandinismo, que ha hecho posible vislumbrar un probable triunfo del sandinismo en las próximas elecciones, pacto que hizo víctima a varios partidos y personas.
Son constitucionalmente legales y posibles.
2) Para poder estar sintonizados con los objetivos de una alianza habrá que ser par entre las pares, o sea aliarse con partidos que se identifiquen con las mismas ideas, principios y objetivos.
3) Dado los tiempos que vivimos, toda alianza debe girar principalmente alrededor de objetivos nacionales y no de beneficios partidarios.
4) Los aliados deben condicionar la alianza insoslayablemente al cumplimiento de los objetivos establecidos y compartir claramente las responsabilidades y compromisos para sostenerlos y realizarlos una vez en el poder.
5) Toda alianza debe establecer un término racional y concreto, porque nada en política es para siempre. Hay que establecer si la duración de la alianza es de carácter electoral o si es de una duración periódica, o sea del período de gobierno.
6) Hay que incorporar dentro de los términos de la alianza, el concepto de la ética política con el cual hay que cumplir y un razonamiento justificado para abandonar la alianza en casos fuera necesario.
7) Para que la alianza tenga sentido práctico y justificado, habrá que sentar las bases en un inventario consensuado de los principales objetivos nacionales a ser logrados por la alianza, orientado a corregir nuestras grandes limitaciones como país, consenso que debe incorporar problemas de soberanía, institucionalidad y gobernabilidad nacional, independencia de poderes, estado de derecho, lucha contra la corrupción, la pobreza generalizada, el trabajo digno, el salario justo, la educación, la salud, etc, es decir que la alianza reconozca y enfrente principalmente nuestros problemas nacionales y plantee posibles soluciones cuando se llegue al poder.
8) Debemos dejar establecido en el preámbulo del documento de alianza si se llegara a firmar, la preservación de los principios de democracia occidental, derechos humanos, propiedad privada, libre empresa y protección de la familia por los cuales se lucha, porque esta alianza debe realizarse para ganar electoralmente el derecho de diseñar nuestra propia sociedad con nuestros principios y a nuestra propia manera de vivir.
9) Una alianza democrática así pensada, debe comprometer por lo menos, sino incorporar, a los representantes de la sociedad civil, la cual debe promover y aportar el compromiso de votar sin abstención y apoyar en todo sentido estos principios y objetivos.
10) Finalmente las negociaciones de una alianza seria deben estar rodeadas del formalismo necesario y no de conversaciones aisladas e individuales a nivel de líderes, que puedan diluir y confundir los verdaderos objetivos de la alianza, produciendo desgaste y desorientación. Todos los partidos tienen instancias o comisiones autorizadas oficialmente para discutir, explorar y sentar las bases, objetivos y condiciones de la alianza a nivel institucional, y son éstas las únicas que podrán dar legalidad a cualquier alianza una vez aprobada por las Grandes Convenciones de sus respectivos partidos.
El autor es miembro de la Junta Directiva del Partido Conservador.