Adolfo Calero Portocarrero
Bill clinton, político por excelencia, cuando estaba por dejar la Presidencia de los Estados Unidos después de ocho años, dijo: “La respuesta a las democracias deficientes, no es destruirlas, sino reforzarlas.” Esto precisamente tenemos que hacer los nicaragüenses.
Para comenzar debemos tener muy presente la experiencia de 1979 que trajo al país, entre otros males: la mentira y el engaño, censura de prensa, confiscación de bienes, racionamiento, tribunales de excepción, indefensión legal, persecución política y religiosa, exilio, servicio militar obligatorio, control estatal de la banca, de los medios de producción y de la vida misma de los nicaragüenses; caterva de azotes incompatibles con la dignidad humana.
Juan Pablo II, quien ante millares de nicaragüenses tildó a la época sandinista como la “noche oscura”, ha también criticado sus prácticas. La “No Verdad” ha dicho el Papa, “…es la mentira propiamente dicha, información parcial, y deformación, propaganda sectaria, manipulación de los medios de comunicación… la práctica consistente en imponer a quienes no comparten las mismas posiciones la etiqueta de enemigos, sospechosos, atribuyéndoles intenciones hostiles y enigmatizándolos como agresores a través de una propaganda hábil y continua.”
En las elecciones municipales de noviembre recién pasado, sumados liberales y conservadores hubieran triunfado no sólo contra el FSLN, sino que contra la abstención, que también es contraria al mejoramiento de la democracia.
Se avecinan elecciones nacionales, no se necesitan más pruebas de que si los partidos democráticos van cada uno por su cuenta se corre el grave riesgo de otro triunfo sandinista; sobra repetir las consecuencias de semejante acontecimiento. Lo que cabe ahora es urgir la alianza libero-conservadora, a la que se sumarían otras corrientes y que ya el pueblo realizó de hecho en 1990 y 1996, con consecuencias favorables a la democracia.
La historia de la República es la historia de nuestras dos corrientes políticas como fuerzas motoras de nuestra azarosa vida democrática; es misión de ambas corrientes históricas, defender y alentar los principios democráticos que les son comunes y que tantos sacrificios han costado. La única forma es hacerlo conjuntamente y además sumar otras fuerzas sociales y políticas que comparten nuestros principios y valores.
Aprendamos de nuestra historia Patria. El 12 de septiembre de l856, 48 horas antes de la Batalla de San Jacinto, los Generales Tomas Martínez (conservador) y Máximo Jerez (liberal) firmaron en León el Convenio de Paz y Reconciliación. El resultado de esta alianza fue que unidos salvaron la Independencia y la Libertad de la Patria común. En enero de 1946, también se celebró otro convenio histórico contra la dictadura somocista y está aún vigente otro convenio libero-conservador celebrado el 12 de enero de 1986 para “Aunar esfuerzos y apoyarse mutuamente en la lucha contra la dictadura sandinista…”
En la década de los ochenta se dio de hecho y con éxito una estrecha relación entre liberales y conservadores que luchaban por la liberación contra el yugo sandinista. Hubo inclusive apoyo económico de parte de la Resistencia a los conservadores y al PLC, quienes soportaron la lucha política interna.
Si hemos de continuar desarrollando nuestra incipiente democracia, es necesario e impostergable la unidad de las fuerzas democráticas de derecha. La izquierda marxista antepone sus marcos doctrinarios a los intereses patrios. Parafraseando al filósofo español Ortega y Gasset, Nicaragua no tiene salvación si su destino no es puesto en manos de gentes verdaderamente patrióticas, que sientan palpitar todo el subsuelo histórico, que conozcan la actitud presente de la vida y rechacen todo gesto arcaico y silvestre.
Habrán de mediar olvidos, sacrificios y renunciaciones, y en cuanto sea más lo que dejemos, mayor será el aporte para la gran causa nacional. Unión de propósitos, de corazones con la noble mira de una Nicaragua libre, donde impere la justicia, la honestidad, la igualdad y la fraternidad.
Afortunadamente se vislumbran candidaturas que hacen viable una convergencia nacional democrática y triunfadora. Enrique Bolaños Geyer y José Rizo Castellón son caballeros cabales, de conducta intachable, ponderados, de buen criterio y experiencia, y de moralidad a toda prueba. Inspiran confianza y credibilidad como puntos de partida hacia una era de paz, progreso y concordia basadas en la justicia.
El autor es diputado conservador de ALCON. Ex director de la Resistencia Nicaragüense