La primera nación cristiana

Haig Tcheurekdjian

Al otro lado del mundo existe una nación muy similar a Nicaragua -una nación asolada por la pobreza, la guerra y los desastres naturales. Pero también como Nicaragua, este país tiene una cultura e historia remarcables y raramente apreciada por el extranjero porque, para el que no la conoce, las dificultades del presente eclipsan la belleza pasada y presente del país. Esta nación es Armenia.

El camino al establecimiento de lo que hoy en día es Armenia es una crónica de la historia del Cristianismo y de la civilización occidental. Como dice la Biblia, después del gran diluvio, el Arca de Noé quedó “en las montañas de Ararat”, justo en el centro de Armenia. Aunque de significado histórico un poco limitado, tal pasaje denota una familiaridad con Armenia en el principio de la tradición Judía Cristiana.

Históricamente, Armenia junto con Mesopotamia, fueron una de las cunas de la civilización. Los armenios estuvieron presentes en esta área por muchos milenios antes de Cristo, y en el siglo sexto antes de Cristo emergieron como una entidad separada. En sus primeros años como una civilización propiamente dicha, Armenia era una provincia del Imperio Persa. Luego de varios siglos, Armenia ganó su independencia y se convirtió en su propio reino pero los persas y luego los romanos y bizantinos al oeste frecuentemente la reconquistaban.

Armenia llegó a su cenit político como Imperio y nació en el primer siglo a. C. bajo el liderazgo de Tigran II quien estableció el Imperio Armenio. El Imperio Armenio se estrechaba del Mar Mediterráneo al Mar Caspio, igual sólo al Imperio Romano y al Imperio Persa. Durante el reino de Tigran II, el Imperio de Armenia cayó. Aunque Armenia nunca volvió a conseguir tal poder político, reinados armenios independientes fueron reestablecidos. Igualmente, fuera de Armenia, muchos armenios ganaron poder político y militar, y múltiples armenios se convirtieron en Emperadores del Imperio Bizantino.

En los siglos siguientes, Armenia fue devastada por las campañas militares de los bizantinos y los persas (ambos situados a cada lado de Armenia), pero gozaron de un renacimiento cultural. En los inicios del siglo cuarto A.D., Armenia se convirtió en la primera nación en el mundo que adoptó la Cristiandad como la religión nacional. Esto fue seguido por la creación del alfabeto armenio en el siglo quinto A.D., lo cual dio a los armenios sus propias letras, dejando atrás el uso del griego o del sirio. Esto marcó el principio de los “años dorados” de Armenia, incluyendo la composición de textos en armenio y la traducción de importantes textos orientales y occidentales.

El destino de Armenia en los siglos siguientes fue el mismo que el de los países a su alrededor. La región fue primero sometida por los árabes, luego por los mongoles y por los turcos. Armenia logró hacer las paces con cada uno de sus invasores, y así mantuvo su independencia por la mayor parte del tiempo, pero eventualmente fue conquistada por el Imperio Otomano. Los armenios (junto con las otras minorías) eran ciudadanos de segunda clase en el Imperio Otomano, pero sus relaciones con los turcos eran básicamente pacíficas, ganando para los armenios el título de “la minoría real”. Esto cambió a fines del siglo diecinueve d.C. cuando comenzaron a regularmente ocurrir masacres de armenios en las áreas localizadas en el este del Imperio. Las masacres llegaron a su culminación en 1915.

El 24 de abril de 1915, los líderes y académicos armenios fueron arrestados por el gobierno turco y ejecutados. Esto marcó el principio del Genocidio Armenio, perpetrado por el gobierno turco. Todo el este del Imperio Otomano fue arrrasado de su población armenia. Los hombres fueron sistemáticamente ejecutados; las mujeres y los niños fueron sometidos a “marchas de muerte” a través de desiertos sin agua ni comida, durante las cuales fueron torturados, violados y últimamente abandonados a morir en el desierto. Aproximadamente 1.5 millones de armenios fueron asesinados, concluyendo así su presencia en las tierras a donde habían vivido desde el principio de su civilización. Los sobrevivientes del genocidio todavía llevan consigo los resultados emocionales y psicológicos los cuales son demarcados aún más por el gobierno turco. Las consecuencias de esta negación son particularmente obvias en las palabras de Adolfo Hitler cuando se preparaba a exterminar a los judíos: “¿Después de todo, quién recuerda hoy en día la aniquilación de los armenios”?

Después del genocidio, un número pequeño de armenios crearon una nación la cual fue eventualmente absorbida por la Unión Soviética. Hoy, Armenia es una nación independiente, pero más armenios viven en la diáspora que en Armenia propiamente dicha debido al genocidio, el cual les forzó a encontrar nuevos países en los cuales vivir. Las metas de Armenia, como Nicaragua, incluyen el mantenimiento de un gobierno democrático relativamente nuevo y la estabilización de su infraestructura frágil. Desafortunadamente, la situación en Armenia es fuertemente agravada por los conflictos militares con los vecinos, Azerbaiján. Aún así, Armenia, al igual que Nicaragua, está progresando en la cara del adversario y posee un futuro lleno de promesas.

El autor es médico armenio, residente en Estados Unidos. Colaboración especial para LA PRENSA  

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