Pbro. Silvio Fonseca Martínez
Dejándolo todo, lo siguieron.
Lectura del Santo Evangelio, según San Lucas 5, 1-11.
Estaba Jesús en cierta ocasión a orillas del lago de Genesaret, y de repente se juntó un gentío para oír la palabra de Dios. Vio entonces dos barcas a la orilla del lago; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que la separaran un poco de tierra. Se sentó y enseñaba a la gente desde la barca. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Rema hacia adentro del lago y echen las redes para pescar”.
Simón respondió: “Maestro estuvimos toda la noche intentando pescar, sin conseguir nada; pero sólo porque tú lo dices, echaré las redes”.
Lo hicieron y capturaron una gran cantidad de peces. Como las redes se rompían, hicieron señas a sus compañeros de la otra barca que vinieran a ayudarlos. Vinieron y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se postró a los pies de Jesús diciendo: “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador”.
Pues tanto Pedro como los que estaban con él quedaron asombrados por la cantidad de peces que habían pescado; e igualmente Santiago y Juan hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Entonces Jesús dijo a Simón: “No temas, desde ahora serás pescador de hombres”.
Y después de arrimar las barcas a tierra, dejaron todo y lo siguieron.
Palabra de Dios.
Lecturas bíblicas: Isaías 6, 1-2.3-8/Corintios 15, 1-11/San Lucas 5, 1-11.
Las lecturas vocacionales de este domingo nos revelan la ardua actividad de Jesús que requiere de colaboradores para su Reino; ellos son llamados por nombre propio y el Maestro les inyecta valor en lo que les espera. A partir de ese momento renuncian al oficio de pescadores para abrazar otro. Esta nueva misión les trae sus dudas, temor y expectativas; una actitud muy humana al tratarse de una aventura a lo desconocido.
En los textos de hoy nos podríamos fijar en muchas cosas que son útiles para una animación vocacional o para nuestra diaria vida cristiana, ya que todos somos llamados y elegidos para una vocación; por mi parte me refiero a las palabras que Jesús les dice frente a aquel miedo: no teman. Estas palabras las encontramos reiteradamente en otros textos: “No temas, Zacarías, porque tu oración ha sido escuchada” (Lc. 1, 13).
“Pero el Angel le dijo: ‘no temas, María porque has encontrado el favor de Dios’” (Lc. 1, 30).
“Pero el Angel les dijo: ‘no tengan miedo, pues yo vengo a comunicarles una buena noticia’” (Lc. 2, 10).
“No teman a los que matan el cuerpo” (Lc. 12, 4).
Los pasajes bíblicos arriba mencionados, son las palabras de Dios mismo que nos dicen que no estamos solos. En la obra de Dios, El es nuestra garantía, sólo basta hacerlo en su nombre y no en el nuestro; en el fondo no sólo hay una advertencia, sino la verdad de Dios que su misión significa estar dispuesto a pagar un alto precio y que también no podemos quedarnos en la orilla, en la superficialidad, sino que debemos llegar hasta las profundidades de la historia, de las situaciones y de la vida. Bien sabemos que no todos llegan a esas profundidades, no porque no quieran, sino por el temor. Ejemplifiquemos por ejemplo a un periodista honesto o a un profeta de Dios, que a medida que profundiza en la investigación o en la denuncia, no sólo no tiene la suerte de hacerlo, sino que su vida puede truncarse.
Los obispos, sacerdotes, religiosos, catequistas, delegados de la palabra ocupan un lugar preponderante en esta tarea, porque personifican a Jesús de una manera particular y al igual que Jesús la gente se agolpa para escuchar su mensaje; él es como un faro que ilumina y orienta, expuesto a la crítica de los demás y frágil en su humanidad, pero Dios manifiesta su fuerza y su poder a través de miles de discípulos que pregonan por el mundo el Evangelio, pescando para Dios y su Iglesia.