Jaime Wheelock
Con respecto al interesante editorial del Diario “LA PRENSA” del miércoles 31 de enero relacionando el respeto a la propiedad y el crecimiento económico de los países, comparto algunos de los puntos vertidos en el escrito, pero disiento de otros, en especial de aquellos que no se apegan a los hechos históricos o no ofrecen un juicio objetivo acerca de las transformaciones en la propiedad agraria realizadas durante el gobierno sandinista.
1. No es enteramente cierto que la economía de Nicaragua empezó a decaer tan pronto como los sandinistas tomaron el poder en 1979. A partir de 1979 el país experimentó una recuperación productiva y un crecimiento económico que tuvo lugar durante los años 1980, 81 y 82, precisamente fue durante ese período cuando se ejecutaron extensivamente los mayores cambios en la propiedad agraria. A partir de 1984 cuando se intensificó la guerra que enfrentó el gobierno revolucionario, la economía empezó a declinar en forma pronunciada.
2. No puede afirmarse categóricamente que el gobierno revolucionario haya tenido una actitud de irrespeto generalizado hacia los derechos de propiedad privada, sobre todo en lo que se refiere a la propiedad agraria. Las tierras afectas a la reforma pertenecieron básicamente a dos categorías: las que mediante el abuso de poder y la corrupción pública acumuló la familia Somoza y sus más cercanos allegados que sumaban para 1979 un millón cuatrocientas mil manzanas; y los latifundios ociosos mayores de 500 manzanas en el Pacífico y mayores de 1,500 en el resto del país. La propiedad privada eficientemente explotada sin consideraciones a su tamaño, fue respetada y apoyada.
3. Los cambios en la tenencia de la tierra no se hicieron para atacar la propiedad, como lo señala el editorial “Una institución burguesa, producto del robo y perjudicial para el desarrollo”. Se hicieron para abrir paso al desarrollo y la justicia social. Incluso, antes del ascenso de la revolución de 1979, el Gobierno de los Estados Unidos a través de la Alianza para el Progreso y la CEPAL de Naciones Unidas desde los años sesenta. Venían apuntando como unos de los lastres para el desarrollo y modernización de Nicaragua, el injusto reparto de la propiedad agraria. Mientras el 3 por ciento de propietarios acaparaba más de la mitad de la tierra, la gran mayoría de las familias campesinas apenas contaban con el 1 por ciento.
4. Efectivamente, Douglas C. North, encontró que una de las claves para explicar históricamente el crecimiento económico de los países que lograron salir del ciclo de la pobreza, fue establecer una organización económica eficaz, un régimen de propiedad y arreglos institucionales apropiados para estimular a los ciudadanos a dedicarse a actividades rentables. De acuerdo. El punto sin embargo es, cual organización eficaz y cuál estructura de la propiedad. Es evidente que las de Nicaragua, antes de 1979 no eran a las que se refería el Dr. North. El mismo North y otros historiadores económicos como Alexander Gerschenkron o Sir Arthur Lewis, encontraron que una de las precondiciones históricas para el tránsito al desarrollo económico que experimentaron desde inicios del siglo XIX. Inglaterra, Alemania, Francia y Rusia, fue la de desmontar el monopolio agrario aristocrático basado en la servidumbre que tenían estos países. En una palabra, no se respetó ese tipo de propiedad privada ineficiente.
5. Todavía más recientemente y siempre con relación a hechos históricos, autores como Robert Wade, afirman que el desarrollo de los tigres asiáticos como Japón, Korea del Sur o Taiwán no hubiese sido posible sin previas reformas agrarias que distribuyeron las vastas propiedades de los señores feudales entre millones de parceleros, liberando al mismo tiempo la fuerza laboral y poder de compra para la industria y los servicios.
6. El gobierno sandinista no fue un enemigo del la propiedad privada. De hecho, la reforma agraria creó más bien miles de nuevos propietarios tanto en forma individual como asociativa. Es cierto que en aplicación de las leyes agrarias incurrimos sin desearlo en abusos que en muchos casos no pudimos enmendar a tiempo, aunque lo intentamos. Y a pesar de los errores en la gestión económica que hemos reconocido en su oportunidad, nadie puede negar que dimos un apoyo decidido a la producción agropecuaria que permitió a pesar de sufrir los efectos de la guerra, mantener un promedio de área sembrada anual de 950 mil manzanas, cifra superior en cien mil manzanas al área conseguida por el gobierno actual en el ciclo del año 2000.
7. Un nuevo gobierno sandinista, en efecto, debe ser inequívoca y claramente respetuoso del derecho de propiedad, así como firme impulsor de políticas y acciones tendentes a estimular a los productores y sacar al sector agropecuario de la crisis profunda en la que se encuentra postrado.
* El autor fue ministro de Reforma Agraria (1979-1990).