Cristina Hasbún de Merino (ACAN-EFE)
SAN SALVADOR.- El terremoto en El Salvador rompió la agenda nacional y a pesar del optimismo del Gobierno de mantener el nivel del crecimiento económico previsto con la reciente “dolarización”, los daños obligan a aceptar la realidad de un panorama incierto.
El Presidente de la República, Francisco Flores, expresó el domingo, que “el desastre del 13 de enero supera los recursos que como país tenemos para enfrentarlo” al recordar que uno de cada cinco de los seis millones de salvadoreños es ahora damnificado y urge rehabilitar más de 150,000 viviendas antes de mayo próximo.
Tanto el Gobierno como otros sectores de la población están conscientes de los graves problemas sociales que puede desatar la época lluviosa —que comienza en mayo— en los albergues donde miles de damnificados permanecen en condiciones de hacinamiento, escasez de agua y alimentos y donde ya se han registrado brotes epidémicos.
Además, la solución de techo en sus lugares de origen para quienes lo perdieron todo, evitaría la formación de nuevos cinturones de miseria en los alrededores de San Salvador y otras ciudades grandes menos afectadas por el terremoto, tales como los heredados de otras catástrofes, incluida la guerra civil (1980-1992).
El terremoto, que se cobró más de 700 vidas, ha dejado pérdidas económicas superiores a mil millones de dólares, según informes oficiales preliminares, pero expertos de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) y de otros organismos internacionales ayudan a evaluar los daños.
Fuentes oficiales y diplomáticas consideran que los daños del reciente seísmo son los más graves causados por un fenómeno natural en la larga cadena sufrida en la historia del país y que la reconstrucción demanda una generosa solidaridad nacional e internacional.
Pero a pesar de la enorme destrucción —que ha golpeado más severamente y en mayor proporción a los sectores pobres de siempre— el Gobierno mantiene las esperanzas del crecimiento económico previsto para este año, entre el 3.5 y 4 por ciento, con un aumento de las remesas familiares y nuevos préstamos.