Altos funcionarios del Gobierno a menudo tratan de minimizar la corrupción con el miserable argumento de que son tan sólo “raterías” (en el sentido de que se trata de hurtos de poco valor), en comparación con los actos corruptos de los gobiernos anteriores.
Tales funcionarios acusan también a los medios de comunicación independientes de que sólo denuncian la corrupción del actual Gobierno, pero no dicen nada sobre la que hubo en los gobiernos anteriores. Y en el caso específico de LA PRENSA, aseguran que este Diario jamás criticó los actos de corrupción que ocurrieron en el gobierno de la Presidenta Violeta B. de Chamorro.
Sin embargo no son simples raterías los numerosos actos de corrupción que –como los checazos, las “indemnizaciones” millonarias y los fraudes a los bancos– han significado para la nación pérdidas de centenares de millones de córdobas. Además, es indecoroso que los funcionarios públicos minimicen la corrupción calificándola de raterías, puesto que su principal obligación es administrar los bienes públicos con honestidad y transparencia.
Por otra parte, es mentira que los medios de prensa independientes no denunciamos la corrupción que hubo en los gobiernos anteriores. Bastaría examinar los archivos de LA PRENSA -que por cierto están a la disposición del público y son consultados habitualmente por investigadores, estudiantes y cualquier persona que desea hacerlo-, para comprobar la falsedad de nuestros detractores oficialistas. La verdad es que LA PRENSA sí denunció la corrupción y los abusos que hubo en los gobiernos anteriores, inclusive durante la administración de la señora Violeta B. de Chamorro, y lo hizo con el mismo vigor y entereza con que lo hace ahora.
Ahora bien, es una ingenuidad —por lo menos— creer que junto con cada noticia de la corrupción que hay en el actual gobierno se debe informar también acerca de los hechos corruptos que ocurrieron en los gobiernos anteriores. Una cosa es la historia y otra, muy diferente, es la noticia. La característica fundamental de una noticia es que debe ser actual. Lo que hace noticioso a un hecho, dice cualquier diccionario, es ante todo su actualidad y luego su proximidad, prominencia, curiosidad, conflicto, suspenso, emoción y consecuencias.
Los actos de corrupción que ocurrieron durante las dictaduras somocista y sandinista, así como en el gobierno democrático de doña Violeta B. de Chamorro, sólo tienen valor noticioso si agregan información a un reporte sobre la corruptela que hay ahora. Sería anacrónico y ridículo poner un informe sobre cualquiera de los muchos hecho corruptos que ocurrieron anteriormente, junto con cada noticia de corrupción de las que ocurren ahora.
Tampoco es cierto, como dicen los mismos funcionarios, que el objetivo de los medios de comunicación al publicar informaciones sobre la corrupción es desacreditar al Gobierno y promover a determinados políticos opositores. En realidad, los medios de prensa denuncian la corrupción y critican los abusos gubernamentales en primer lugar porque son noticias de interés para el público, y sobre todo porque es su obligación velar por los intereses de la sociedad.
Estamos completamente claros de que las denuncias de la corrupción, igual que todas las informaciones, deben estar debidamente documentadas y basarse en fuentes fidedignas, aunque no siempre se les pueda revelar públicamente. En este sentido podemos asegurar que todas las investigaciones y denuncias de corrupción gubernamental que ha publicado LA PRENSA han sido veraces y que el Gobierno no ha podido desmentir ninguna de ellas.
Sabemos muy bien que políticos inescrupulosos, gubernamentales y de oposición, tratan de aprovechar a los medios para difundir noticias falsas y desacreditar a sus competidores, inclusive a sus mismos correligionarios de partido y colegas del Gobierno. Pero los medios de comunicación responsables no se hacen eco de las fobias ni de las filias de los políticos, cualesquiera que sean éstos, de gobierno o de la oposición.
En todas partes del mundo las relaciones de la prensa con los gobernantes son complicadas. Y con mucha mayor razón son conflictivas en países donde impera la corrupción y los gobernantes además de corruptos son intolerantes. En este caso, una relación amistosa de la prensa independiente con los gobernantes implica una anormalidad moral.