- Doña Violeta sería una candidata tan formidable como don Enrique, ya que, al igual que él, tiene un sólido e incuestionable historial de defensa de la libertad
Jorge [email protected]
Mucho tiempo antes de que se celebraran las elecciones generales de 1996, yo estaba seguro del candidato que ganaría la Presidencia. Tan es así, que cuando todavía faltaban unos 13 meses para su celebración, aposté 500 dólares con una amiga a que Arnoldo Alemán ganaría en una sola vuelta. Y gané la apuesta. Ahora, cuando sólo faltan unos 10 meses para los próximos comicios, no me atrevería a apostar ni un solo centavo. El panorama está demasiado incierto.
De momento hay sólo dos candidatos contendientes: Don Enrique Bolaños por el PLC, y el señor Daniel Ortega por el FSLN. Si ellos fueran los únicos competidores, ¿cuál de los dos tendría mayores probabilidades de ganar la Presidencia de la República? Creo que el indicador más objetivo con el que se cuenta de momento para responder a esa pregunta lo encontramos en los resultados de las elecciones municipales de noviembre del año pasado. En esa oportunidad, el PLC a nivel nacional obtuvo 18,900 votos más que el FSLN; una diferencia bastante considerable. De ahí pudiéramos inferir entonces, que don Enrique tiene mayores probabilidades de resultar vencedor en las próximas elecciones, además de que él, por su personalidad y trayectoria, y por ser de momento el único representante de la opción democrática, es un candidato por el que pueden votar muy confortablemente tanto los liberales como los conservadores. Sin embargo, desde ahora hasta entonces, pudieran pasar algunas cosas que, de ocurrir, alterarían el posible escenario electoral.
El evento que a mi juicio pudiera cambiar significativamente el panorama electoral sería una candidatura de doña Violeta Barrios de Chamorro. Basándonos en sus propias declaraciones, parecía que doña Violeta había descartado por completo la posibilidad de buscar una segunda Presidencia, pero ahora que dice que “es prematuro hablar de mi candidatura”, vemos que ha cambiado de idea y que parece estar dispuesta a entrar nuevamente a la arena política.
Creo que doña Violeta sería una candidata tan formidable como don Enrique, ya que, al igual que él, tiene un sólido e incuestionable historial de defensa de la libertad, y, por consiguiente, atraería una buena proporción del voto democrático. ¿Qué porcentaje? No lo sé; es imposible decirlo mientras no se haga una encuesta, pero, en todo caso, estoy seguro de que una candidatura tan buena como la de ella tendería a fraccionar el voto democrático, lo que —como ya lo hemos dicho anteriormente— aumentaría significativamente las probabilidades de triunfo del Frente Sandinista.
No olvidemos que don Enrique Bolaños es el candidato oficial de la fuerza política mayoritaria del país, lo cual, muy posiblemente le asegura, cuando menos, un número de votos igual o muy cercano a los que obtuvo el PLC en las elecciones de noviembre del año pasado. Doña Violeta, por su parte, no tiene partido, y si corriera sería en la casilla del Partido Conservador que, en los comicios edilicios de noviembre del 2000, obtuvo un 14 por ciento de los votos a nivel nacional. Los otros grupos políticos que posiblemente formarían alianza con el Partido Conservador —como el MUN de Joaquín Cuadra, o el PLD de José Antonio Alvarado— no creo que aportarían ninguna suma significativa de votos. Por el contrario, creo que la presencia del general Joaquín Cuadra en esa alianza la debilitaría como un posible polo de atracción del voto democrático debido a los antecedentes sandinistas del general.
Lo que entonces podría hacer atractiva la casilla verde sería, exclusivamente, la persona de doña Violeta. Recordemos que ella fue la figura en torno a quien se unió el voto democrático en las elecciones de 1990 en contra de la tiranía sandinista, y que bajo su presidencia se liberalizó la economía y se restauraron las libertades personales y civiles que hoy disfrutamos. Ella tiene, por consiguiente, un lugar muy especial en el corazón de todos los nicaragüenses que amamos la libertad y la vida civilizada.
Estoy seguro que doña Violeta quiere lo mejor para Nicaragua y que no desea un retorno del sandinismo al poder. Por eso es que bien haría en considerar muy seriamente su candidatura que, como dijimos, tendería a fraccionar el voto democrático, lo que haría posible una consecuencia totalmente indeseada por ella, como sería el triunfo del señor Daniel Ortega en noviembre de este año. Por esa razón —estoy plenamente seguro— es que los sandinistas deben en estos momentos estar cruzando los dedos y deseando con toda su alma de que doña Violeta acepte nuevamente ser candidata a la Presidencia de la República.
El autor es miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA, y catedrático de la Universidad Thomas More.