Ministerio Arquidiocesano de Predicación
«Madre de la Nueva Alianza»
El profeta es ante todo el hombre de la Palabra, de la Palabra de Dios que se dirige tanto a una persona (Is 22,15s) como a muchas personas (Jr 20,6; Am 7,17). Su mensaje atañe al presente y al futuro. Es enviado a sus contemporáneos, les transmite los deseos divinos, y la realización de lo que él comunica es consecuencia lógica de la lectura de la historia que hace a la luz de la Palabra misma de Dios que se le comunica y comunica. Todo eso que realiza el profeta no podemos decir en ningún momento que es solamente humano. Si es cierto que tiene mucho que ver su visión de las cosas, también, y ante todo, es iluminación del Espíritu que lo inspira, «El espíritu del Señor Yahveh está sobre mí, por cuanto que me ha ungido Yahveh» (Is 61,1).
Es instrumento de Dios (Am 3,8), pero también es expresión de esa fidelidad a Dios que ha ido fortaleciendo en el encuentro que ha tenido con Aquel que le ha llamado desde la situación, el momento en que se encontraba: «Y Amasías dijo a Amós: “Vete, vidente; huye a la tierra de Judá; come allí tu pan y profetiza allí…” Respondió Amós y dijo a Amasías: “Yo no soy profeta ni hijo de profeta, yo soy vaquero y picador de sicómoros. Pero Yahveh me tomó de detrás del rebaño, y Yahveh me dijo: “Ve y profetiza a mi pueblo Israel”» (cf. Is 6; Jr 1).
La intencionalidad de la acción profética no es en ningún momento destructora, «Porque así dice Yahveh a la casa de Israel: ¡Buscadme a mí y viviréis» (Am5,4). Si hecha en cara las acciones que se cometen fuera de la Ley del Yahveh es porque quiere hacerlos regresar a la fidelidad de Aquel que “hizo maravillas con su pueblo”. Por eso podemos encontrar con facilidad: reproches duros, ante la falla cometida, y consolaciones y palabras de esperanza, ante el mal sufrido.
¿Vuelve el pueblo a la fidelidad ante la acción profética? Basta que leamos cada uno de los libros de los profetas y veamos la reacción de aquéllos ante los que hablan. Hay condenación y rechazo del profeta hasta el punto de hacerlos morir, como también habrá escucha atenta, arrepentimiento y retorno al camino de Dios. La reacción no siempre es la misma ni la esperada por el profeta: Pues hasta incluso encontramos al profeta deseos de apartarse de la misión que Dios le ha entregado, pero su fidelidad, su amor, eso que desea que desea que sea las consecuencias del cambio del pueblo. «Yo decía: “No volveré a recordarlo, ni hablaré más en su Nombre”. Pero había en mi corazón algo así como fuego ardiente, prendido en mis huesos, y aunque yo trabajaba por ahogarlo, no podía» (Jr 20,9).
Es la misión y la acción del profetismo a lo largo de la historia de la salvación. Defender los derechos de Dios, comunicar a los demás que no son esas las acciones que gustan al Señor, no siempre tendrá muy buena aceptación de parte de todos, pero no por eso la Palabra dejará de ser proclamada con intensidad, con la intensidad del Espíritu.
Parroquia San Pedro
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