Eduardo Chamorro Coronel
Rumores muy fuertes han resurgido dirigidos a eliminar al PC de la próxima contienda electoral, mencionan que el CSE ha iniciado sus primeros pasos después de recibir instrucciones de sus propietarios. La aceptación del PC por el CSE fue un “error” que se deslizó entre las hendijas o fisuras del pacto, ahora este “error” se levanta amenazante al balance del pacto, por fallar el PLC todavía en absorber al PC dentro de un minipacto, como estaba contemplado. La única defensa del PC además de la opinión pública nacional e internacional reside en los 200.000 votantes que no podrán ser ignorados, en el recuento de las nuevas firmas por recoger.
La selección de don Enrique Bolaños, persona de mucho carácter, inicia el guión electoral, en donde él se convirtió en uno de sus principales actores ya que no estará sujeto a la voluntad caprichosa de ningún caudillo, su escogencia aún no claramente explicada resultó de un compromiso político, negociación y de otras cosas. Aún más, la campaña electoral exige la reconquista de su fuerte personalidad y para ello requiere el magnificar su natural independencia y rectitud ante un público un tanto desilusionado por sus sumisos cuatro años de vicepresidente. Ya se experimentan las primeras sutiles escaramuzas para consolidar su posición como candidato en campaña, aunque la primera batalla se dará en la selección de los candidatos a la Asamblea Nacional, la cual determinará la efectividad, fortaleza y duración de su período presidencial en caso de ser electo. Recordemos que don Enrique no es “liberal” de cepa, sino que un liberal táctico por antisandinista, de raíces poco profundas en tierra roja con mucho sonsocuite, que lo obliga a crear “alianzas de afines” tanto dentro como fuera del partido liberal para garantizar la supervivencia y fortaleza del ejecutivo.
Dentro del escenario que don Enrique fuese exitoso en la elección, una de las principales tareas de la tercera vía, consistiría en consolidar el bastión que impida el descarrilamiento de la Asamblea hacia una constituyente de caudillos debilitando la presidencia, siendo esta área donde los intereses de don Enrique coincidirían con la Tercera Vía, manteniendo al país en el curso de obediencia a la Constitución, y evitando el aventurismo político de nefastos antecedentes históricos alrededor de una constituyente o de reformas que debiliten notablemente la presidencia. Y esta labor justifica sobradamente la participación electoral de la tercera vía aún en el caso de no obtener una mayoría que la ubique en el primer lugar de los resultados.
Por otro lado la Tercera Vía tendría la victoria en sus manos, al escoger a doña Violeta como candidato nacional, probado y sin primer ministro, y con un claro apoyo internacional que acredita sus posibilidades de éxito, por no decir asegura. Pero todo depende de los líderes conservadores y su directiva enfrentados a la responsabilidad y oportunidad del momento político, que como dice su presidente Pedro Solórzano, tienen la “casilla universal”. Momento que exige sacrificios personales y partidistas, pero no sólo de los conservadores, quienes no deben precipitarse en errores, sino de todos los posibles aliados posponiendo sus aspiraciones personales para más tarde y valorando adecuadamente la casilla verde. De lo contrario todos verán ahogadas sus aspiraciones por la extensión del pacto que los excluirá largamente del juego político democrático, o en el peor de los casos reducirlos a su pragmática aceptación y sumisión al nuevo bipolio político libero-sandinista.
Si Noel Vidaurre, Pedro Solórzano, Mario Rappaccioli, Joaquín Cuadra y José Antonio Alvarado, entre otros no son capaces de llegar a un consenso justo y equitativo que recoja las aspiraciones de un gran sector de la población articulándola en una eficaz alianza nacional, su fracaso contribuiría sustancialmente al estancamiento o peor aún al retroceso de nuestro desarrollo. En Costa Rica dicen que los liberacionistas llegaron a entenderse tan bien entre ellos que hasta el portero llegó a ser presidente. Por qué no intentarlo aquí, y más tarde hasta podrían recortar el período presidencial a cuatro años para acercar sus pretensiones presidenciales. Pocas veces se han dado tantas condiciones como las presentes en donde hasta perdiendo se gana, y ganando se entra a un nuevo período de consolidación democrática requisito ineludible para resolver los problemas inaceptables de la pobreza nacional.
* El autor es analista político.