Xiomara Chamorro [email protected]
Cuando el influyente empresario Carlos Pellas y el Presidente Arnoldo Alemán se reunieron para conversar sobre una posible alianza entre conservadores y liberales, mucho de esa eventualidad quedó escrita en piedra.
La tenue distancia que separó a los liberales de los sandinistas en los resultados electorales municipales asustó al capital que no está dispuesto a arriesgarse en aventuras de “tercera vía”.
Ese fue el punto de partida para examinar detenidamente las ventajas de una alianza libero-conservadora, que venciendo el estigma del “kupia kumi” no deje espacio a un retorno del sandinismo.
Bajo el presupuesto que la abstención en las municipales no fue tan grande como extraoficialmente se ha conocido, los conservadores consideran que el espacio electoral para una tercera vía no garantiza una victoria contra el FSLN, por lo que estiman prioritario juntar el “voto democrático”.
También apuestan a la heterogeneidad del PLC y a la posibilidad de encontrar puntos de convergencia en los sectores que se expresan a través de los liderazgos emergentes de Eduardo Montealegre y José Rizo.
Incluso, confiados en que el sistema presidencialista depositaría en Enrique Bolaños el poder político que hoy ostenta el Presidente Arnoldo Alemán en el PLC, prevén que la alianza tendría mejor destino.
Ariel Granera, secretario nacional de Asuntos Electorales del Partido Conservador, expone los elementos de análisis que su organización está considerando para determinar las factibilidades de la alianza.
LA PRENSA: ¿Por qué una alianza con el PLC?
Ariel Granera: “En principio hemos creído que no hay condiciones para la alianza, pero hemos estado analizando que la abstención en las elecciones municipales es mucho menor que la establecida extraoficialmente hasta ahora. Primero habría que considerar la abstención histórica que ha sido de un 20 por ciento, a eso hay que sumar el hecho de que el Padrón Electoral no es confiable como punto de partida para calcular la abstención porque no está depurado de fallecidos o personas que han emigrado, así que considerando todo eso, nosotros calculamos que la abstención real anda por un once a doce por ciento, eso significa que el margen de maniobra para un escenario distinto a la conformación de los dos grandes bloques, es bastante difícil. Por otro lado el electorado, que tuvo un comportamiento similar en el 90 y el 96, respecto a los sandinistas, ahora en las municipales de noviembre ese electorado no sandinista se dividió entre liberales y conservadores y hemos podido auscultar que hay un gran temor y rechazo a una vuelta al sandinismo y por eso ha surgido la idea de aglutinar el voto democrático. También es importante la posición del empresariado nicaragüense. El Partido Conservador no realiza una campaña a la sombra del poder del Estado, ni ha acumulado bienes y recursos como lo ha hecho el Frente Sandinista, sino que nosotros trabajamos con las contribuciones de los empresarios y los empresarios no están apostando a una opción de tercera vía, sino que están jugando a lo seguro y en ese sentido es favorable a una alianza libero-conservadora. No es que se piense en que el Frente vaya a hacer en un posible gobierno lo que hizo en los 80, sino que crea incertidumbre y eso significa fuga de capital, retraso del país por un par de años y eso sería grave para el país y por otro lado el Partido Liberal es una realidad heterogénea, no se reduce a una persona, ya lo vimos en la convención en que incluso hombres como Montealegre emergieron en el liderazgo con 143 votos, ese el hecho más novedoso y de significado más estratégico de lo que pasó ahí y el sector de Rizo, son sectores interesantes, así como el de Bolaños y eso no se puede comparar con otros sectores que provocan rechazo en el país, entonces esta heterogeneidad de la realidad liberal puede llevarnos a considerar que combinando esfuerzos entre el Partido Conservador y una pluralidad de tendencias en el PLC, se puede lograr algo, ya que comparten criterios de acuerdo a un proyecto de nación, que es lo que constituye la parte nociva del pacto libero-sandinista porque retrasó la institucionalidad, esa convergencia de criterios puede facilitar una eventual alianza, estamos hablando de factores con lo que se podría considerar y es alrededor de estos factores que se analiza una alianza”.
LP: ¿Qué esperan ustedes de Bolaños, qué les garantiza?
AG: “El régimen de Nicaragua es presidencialista, excesivamente a mi modo de ver, el que llega a la Presidencia definitivamente va a marcar el ejercicio del poder, es impensable que el presidente que asuma va a estar dependiendo de los líderes del Parlamento, eso no existe, Bolaños tiene su propia personalidad y si lo queremos ver asociado a la perspectiva de una alianza con el Partido Conservador, tendría que pensarse en una proyección gubernamental desvinculada de la manera en que se marcó los acuerdos libero-sandinistas y dotaría al país de una nueva institucionalidad en el contexto de esa alianza”.
LP: ¿Qué pasa si el PLC no se interesa en la alianza?
AG: “El Partido Conservador no sólo tiene una única opción”.
LP: Pero la primera opción es el PLC, su “plan A”…
AG: “No, están abiertas todas las opciones ya se ha conversado exploratoriamente con el MUN y el PLD, no hay una primera o segunda opción, pero tal vez por la trascendencia de una alianza con el PLC, de aquí en unos 15 a 20 días, una vez que lleguen las solicitudes correspondientes, se verá si hay condiciones. Definitivamente que los cambios que se están operando en el PLC favorecen un panorama de condiciones, van en buena dirección”.
LP: Considerando que ninguna opción ha sido descartada, oficialmente el Partido Conservador le ha ofrecido a doña Violeta la nominación presidencial?
AG: “Absolutamente no, porque el partido no le ha ofrecido la candidatura a nadie, son algunos directivos los que han explorado esa opción, pero el partido no lo ha hecho, mientras no se aclare lo de las alianzas no podemos ofrecerle la candidatura a nadie”.
LP: ¿Qué estarían pidiendo ustedes a los liberales y ustedes qué darían?
AG: “Eso sólo es concebible con un proyecto de nación coherente y transformador, si no es así no lo veo”.
LP: ¿Qué significa eso?.
AG: “Que haya instituciones nacionales y que se supere de una vez por todas la partidización de las instituciones”.
LP: Pero eso significa reformas constitucionales, es decir desmontar el pacto.
AG: “Así es, se trata de conseguir cambios en la Corte, que esté conformada por gente idónea, no proveniente de partidos, en Nicaragua el Consejo debe ser totalmente apolítico, funcionarios que impriman profesionalismo a ese poder del Estado; el Consejo Directivo del Banco Central debe ser autónomo y no supeditado al presidente; la Contraloría debe estar totalmente desvinculada de directrices partidistas, ese es el proyecto que queremos defender junto a la probidad en el ejercicio de poder, tenemos que llegar a un sistema en que incluso los diputados sean electos de manera diferente, para que respondan a sus bases”.
LP: Es una meta difícil, considerando que eso va a depender de las fuerzas que integren el nuevo Parlamento. ¿Con qué diputados contarían ustedes en caso vayan a una alianza con los liberales para garantizar que ese proyecto, base de la alianza, se cumpla? ¿cuántos diputados pedirían?
AG: “Pediríamos una representación, no necesariamente que represente en forma estricta el porcentaje de votos obtenidos en las elecciones de noviembre, pero estaríamos hablando de un 20 por ciento de las listas de diputados en la alianza”.
LP: Pero, ¿quién encabezaría la alianza?
AG: “Ahí es… esas son las cosas que hay que examinar”.