Marco A. Valle *
Una de las características principales que tendrá el delito este año es el aumento de su peligrosidad, es decir se profundizará la tendencia a la ocurrencia de transgresiones donde la vida de las personas se perderá o, se estará en alto riesgo de perderla con las secuelas físicas, psíquicas, familiares y económicas que conllevan este tipo de desgracia. Ya en estos días estamos presenciando asesinatos, asaltos a cambistas, homicidios, homicidios frustrados, accionar mortal de pandillas, emboscada en la zona rural, y solución de controversias familiares o de amistades por medio de la muerte, sin olvidar la droga incautada.
Aparentemente el delito tuvo un comportamiento errático en la década de los noventa ya que la tasa de crecimiento pasó del 7% en 1990 al 18% en 1993 para caer al 3.3% en 1995, ascender al 13.3% en 1997, caer en 1998 al 5,4%, ascender en 10.4% en 1999 y caer nuevamente en el 2000 a alrededor del 5%. Más la cosa en su esencia es diferente puesto que, esta trayectoria tiene su lógica interna, propia del mundo de la criminalidad que forma parte de la sociedad nicaragüense y su crisis que incluye la de los controles sociales formales e informales.
Concretamente. Esa trayectoria encubre por un lado, el proceso de reingeniería delincuencial que sectores de la criminalidad están experimentando estos años y, que tratarán de seguir en los próximos en conexión con redes internacionales, y por el otro el progreso del deterioro social y moral expresado en un declive de la violencia política armada y el repunte de la violencia doméstica y social. Los esfuerzos realizados por la Policía, y sus planes en coordinación con el Ejército son elementos en la explicación de las variaciones de la tasa del delito, mas aquí queremos enfatizar en el fenómeno desde el punto de vista de la delincuencia.
Entre 1990 y 1994 la calidad del delito se mantuvo dentro de sus cánones tradicionales, en tanto desde finales del último año a hoy se percibe un cambio cualitativo en la medida que aparece mayor cantidad de armas de fuego, lo mismo que grupos organizados –artesanalmente o no– que operan con el propósito de golpear bancos, cambistas, empresas, instituciones estatales, camiones distribuidores, trasegar drogas, traficar ilegales, en tanto se mantuvo el plagio y secuestro en la zona rural, y los robos con intimidación y con violencia. De igual manera, las pandillas “aparecieron” en Managua en la noche y luego también en el día lo mismo que en otros departamentos como Estelí y Matagalpa, y a pesar de los esfuerzos realizados se siente un aumento de la solución de conflictos familiares a través de la violencia. En fin, cada día la ciudadanía se siente más insegura en nuestro país.
De cara a esa tendencia y existiendo una relación directa entre reducción de la pobreza, inversión extranjera y nacional, creación de empleos y seguridad de los habitantes, es fundamental trabajar en dos direcciones cruzadas por la participación ciudadana: una, estrategias locales para elevar la seguridad de las personas y, dos, desatar acciones encaminadas a la formulación de una política nacional de seguridad ciudadana. Finalmente, la Policía Nacional debe contar con presupuesto acorde con los nuevos tiempos.
* Consultor en Seguridad Ciudadana.