El sábado pasado fue un día lluvioso y frío en la ciudad de Washington, D.C. No obstante lo inclemente del tiempo, la ceremonia para inaugurar formalmente al nuevo presidente estadounidense se llevó a cabo sin ningún contratiempo. Ese día, George W. Bush se convirtió en el cuadragésimo tercer Presidente de los Estados Unidos. Salvo algunos grupos minoritarios que de diversas maneras expresaron su descontento con la nueva Administración, la nación entera pareció haber olvidado los sinsabores de las últimas elecciones y siguió con entusiasmo en sus televisores el tradicional acto de cambio de gobierno.
El Presidente Bush inició su discurso diciendo: “La transferencia pacífica del poder es rara en la historia, pero una tradición en nuestro país”. Con esa frase pareciera que el nuevo Presidente quiso recalcar ante su nación y ante el mundo, la fortaleza de las instituciones estadounidenses que en los meses anteriores se vieron sometidas a una fuerte prueba de la que, finalmente, salieron airosas.
En la ceremonia estuvo presente Al Gore, el contendiente de George W. Bush en las pasadas elecciones, demostrando gran caballerosidad y civismo. El ex Presidente Clinton, después de consumado el traspaso de mando, se transportó en un helicóptero a la base aérea militar Andrews, donde fue despedido calurosamente por miembros de su gabinete y de su equipo de colaboradores de la Casa Blanca. Allí Clinton, como un ciudadano común y corriente más, tomó un avión con rumbo a Nueva York donde ha fijado su nueva residencia, después de haber sido Presidente por ocho años.
El discurso de Bush fue de mucha altura. Hizo énfasis en el carácter del estadounidense y llamó a sus compatriotas a ser ciudadanos responsables y no meros espectadores. “Cuando este espíritu falta, no hay gobierno que pueda reemplazarlo”, dijo en una alusión clara a la necesidad de trabajar duro y a no esperarlo todo de los programas gubernamentales.
Asimismo, Bush expresó su gran preocupación por la situación en la que se encuentra la educación primaria y secundaria de su país y se comprometió a tomar medidas para elevar sus estándares. Esas medidas estarán basadas primeramente en el fortalecimiento de la capacidad de decisión a los padres de familia respecto a la escogencia de la escuela a la que desean mandar a sus hijos. Eso implica quitarle fondos a la burocracia gubernamental y ponerlos en manos de los padres, quienes, en última instancia, son los más interesados en que sus hijos reciban una mejor educación.
La reforma del sistema de seguridad social, que es otra de sus grandes prioridades, está también basada en darle a los asegurados un mayor control de los ingresos que se derivan de sus fondos de retiro. En eso, Estados Unidos tiene mucho que aprender de la experiencia chilena. La reforma del sistema de atención médica está asimismo orientada a darle a los ancianos una mayor capacidad de escogencia en los servicios que reciben.
Y como todo buen republicano, Bush tiene en mente una reducción substancial de la carga impositiva a fin de permitir que los trabajadores puedan conservar en su poder una mayor proporción de sus ingresos.
En materia de política exterior fue muy claro al decir: “Los enemigos de la libertad y de nuestro país no deben equivocarse. Estados Unidos permanece comprometido en el mundo por historia y por escogencia, forjando un balance de poder que favorece la libertad. Defenderemos a nuestros aliados y nuestros intereses. Demostraremos propósito sin ser arrogantes. Enfrentaremos las agresiones y la mala fe con resolución y fortaleza. Y a todas las naciones le hablaremos de los valores que le dieron nacimiento a nuestra nación”.
En su primer día de trabajo dio instrucciones para suspender el financiamiento estadounidense a todos los grupos que practican o que fomentan el aborto en cualquier parte del mundo. Y anunció que su primera visita al exterior será a México. Esa es una buena señal que indica que bajo su administración América Latina tendrá una posición prioritaria. Esperemos que el Presidente Bush comprenda que la mejor ayuda que puede darle a nuestros países es permitiendo un mejor y más fácil acceso de nuestros productos al mercado estadounidense.