Carlos F. Martínez
Huérfano de la confianza popular, criticado por miles de defraudados ciudadanos, objetado por nacionales y extraños, satirizado por periodistas y rechazado por quienes prefirieron abstenerse, el Consejo Supremo Electoral (CSE) parece andar desesperado en que alguien le encuentre grandes méritos a su parcializada y deficiente labor en las pasadas elecciones municipales.
Cansado de esperar por un reconocimiento que nunca llegaría, le tocó al Director de Prensa del CSE, Félix Navarrete, escribir en un artículo en la edición de LA PRENSA del 16 de enero (“La modernización del CSE”) un panegírico de fantasía sobre las elecciones del 5 de noviembre en la que sin ninguna vergüenza se quiere ocultar la desorganización electoral, el alto abstencionismo, el tortuguismo en el conteo de votos, y los resultados sospechosos, dados a conocer con una increíble demora -luego de que una manifestación partidaria a las puertas del CSE obligara a sus magistrados a ello.
Sin embargo, al pueblo y a la Patria no se les engaña. Para todos es sabido que el actual CSE, un producto directo de las contra-reformas libero-sandinistas, existe solamente para bloquear y destruir la apertura democrática que vivía Nicaragua desde 1990, y para satisfacer intereses partidarios y personales tanto políticos como económicos de los amigos y beneficiarios del pacto entre el PLC y el FSLN.
Navarrete alega también que “atrás, como una leyenda negra, quedó la campaña de desprestigio de algunos medios de comunicación y sectores políticos inconformes con la actual Ley Electoral”. Lo que el director de Prensa del CSE pretende ignorar es que al CSE únicamente lo han estado desprestigiando las acciones de sus propios magistrados, todos nombrados por su afiliación política, y uno que otro impulsado desde el mismo púlpito de la catedral. Los magistrados del CSE no han demostrado tener otra tarea que la de cumplir con toda fidelidad los mandatos del pacto libero-sandinista, anulando candidaturas y negando inscripciones, amén de apadrinar las numerosas irregularidades comprobadas el pasado cinco de noviembre y días subsiguientes.
Como ejemplo más reciente de su arbitrariedad está la brevísima resolución, en la que no dio explicación ni justificación alguna, con la que el CSE negó la personería jurídica al Movimiento de Unidad Nacional (MUN).
Siempre habrá algún magistrado del CSE que vote en contra de la mayoría de sus colegas, para salvar apariencias y después alegar que actuó con supuesta independencia. Pero en la realidad todos los magistrados sin excepción, son cómplices de la grave y polarizante crisis política a la que nos están encaminando las decisiones abusivas y antidemocráticas del CSE.
Curiosamente, Navarrete nada comenta sobre las impostergables reformas a la pactista Ley Electoral sobre la que, según él, sólo “algunos” nicaragüenses estamos “inconformes”.
Como último punto habla de una supuesta “profesionalización” del CSE. Pero con la pequeña excepción de cierto personal técnico, para nadie es secreto que más que profesionales lo que abunda en el CSE son personas nombradas de a dedo que responden a su afinidad política o personal con los magistrados.
Incluso el mismo titular del CSE, Roberto Rivas, se hace llamar “doctor” cuando todos saben que no es abogado ni mucho menos doctor.
Definitivamente ese artículo no fue escrito para los nicaragüenses.
Nosotros conocemos perfectamente las intenciones marrulleras del CSE. Ese artículo fue hecho para la exportación, para las embajadas y gobiernos extranjeros, para los organismos de ayuda e instituciones internacionales que están dispuestas a colaborar con sus millones en las próximas elecciones presidenciales. Tantos billetes de ayuda raramente contabilizada y auditada representan un atractivo demasiado grande como para que los magistrados del CSE no anden desde ya afinando las voces para confundir a los donantes con sus cantos electorales de sirena.
* El autor es Ingeniero Civil.