Houston,Texas
Jueves 21 Dic. 00
Bernardo Tercero saluda en nombre de la autoridad Divina a su excelencia, el Sr. Arnoldo Alemán, Presidente de la República de Nicaragua, con el más absoluto respeto humano, deseándole que su gobierno dure por tiempo indefinido en unión de sus leales ahora y por siempre.
Sr. Presidente, esta es mi segunda carta a su persona. Mi primera carta fue a través de la Cónsul de Nicaragua acá en Houston, Texas. En ella le explicaba detalles concernientes en relación a mi proceso judicial. Espero la tenga en su posesión.
La presente tiene datos específicos de mi captura, estado actual de corrupción del proceso judicial de la cual he sido objeto y una petición específica a su persona. A continuación una breve reseña histórica de mi persona.
Soy un joven de 24 años de nacionalidad nicaragüense de condición humilde. Nací y crecí en una pequeña población al norte de León denominada Posoltega. Durante mi adolescencia mis primeros años de estudio los realicé en una escuela local. A mis 17 años fui admitido en una escuela tecnológica, obtuve un diploma en tecnología automotriz.
A principios del año 93 finalice mis estudios y decidí emigrar a los Estados Unidos en busca del progreso, durante un período del 93 al 96 visité frecuentemente a mi familia. Pero todo cambió para mí la noche del 31 de marzo de 1997. Este día marcaría una página oscura en la historia de mi vida. En un momento dado, las cosas se tornaron difíciles y por circunstancias de la vida me vi involucrado en un asalto a un negocio en una zona comercial.
En el acto una de las personas presentes intentó desarmarme, provocando una pelea por el arma. A pesar de mis esfuerzos por evitar la pelea. Al momento del fuerte forcejeo el arma se descargó accidentalmente, ocasionando lamentablemente la muerte de este individuo.
En la escena del crimen no intencional hubieron 5 testigos oculares , los cuales miraron el origen de la pelea y mis intentos por evitarla. Al arrestarme el Estado de Texas me puso cargos de asesinato Capital. Mi defensa por mi parte trató, con toda la sabiduría legal, representada por el doctor en leyes, el Sr. Gilberto Villarreal y John Denenller, establecer el cargo de Felony Moro o asesinato no intencional, basados en el hecho que hubo una pelea por el arma, que fue provocada por la víctima.
Felony Moro o asesinato no intencional según la ley es cuando ocurre un asesinato no intencional durante el transcurso de la comisión de otro delito. Esto es justamente lo que pasó en mi caso y es lo razonable legalmente.
Es muy claro que hubo un crimen no intencional durante el transcurso de un robo. No se logró establecer esto porque los testigos bajo amenaza estaban obligados a ocultar los factores, las circunstancias que llevarían a establecer que nunca hubo intención de matar o asesinar. Me refiero que no se les permitió hablar del origen real de la pelea. No se les permitió hablar que la víctima fue quien caminó hacia mí con la intención de desarmarme y matarme.
No se permitió hablar de mis intentos y advertencias por evitar la pelea. Nunca se habló que hubo una lucha por el arma, donde el muerto pude haber sido yo mismo. Todo esto incidió, según la ley, que me dieran la pena mortal.
Hay una gran diferencia entre asesinato capital y asesinato no intencional. Por asesinato capital un individuo puede recibir una sentencia de vida en prisión o la pena mortal. Esta varía de acuerdo al récord criminal. Por asesinato no intencional, un individuo puede recibir una condena de 5 a 99 años. Si se logra establecer asesinato no intencional yo soy elegible para libertad condicional después de 5 años por mi buen récord acá en los Estados Unidos. Ambos son asesinatos, la diferencia es la intención premeditada y específica de matar sin razón. En eso consiste el asesinato capital.
La razón por la cual la fiscalía optó por traer testigos, posiblemente comprados, que fueran de mi propia nacionalidad, es porque ellos sabían que mi récord excelente acá en Texas impediría que un gran jurado me diera la pena máxima.
Ahora veamos la función de mis paisanos que influyó en un 60 por ciento que a mí me dieran la pena mortal. Al jurado se le hicieron preguntas especiales las cuales se basaban en que si yo ¿era una amenaza continua a la sociedad? Tan solo la presencia de estos señores lleva a que un gran jurado el 20 de octubre a las 3:45 determinara que la juez Mary Lou ordenó mi ejecución bajo efectos de la inyección letal. Por mi parte, yo perdono a mis paisanos; ellos sólo fueron objeto de manipulación del FBI.
Días después de mi sentencia Dios dispuso en su sabiduría que los testigos principales, es decir cuatro de ellos, denunciaran públicamente en vivo y en directo a las cadenas de televisión de Telemundo, que habían sido objeto de amenaza para atestiguar falsamente en mi contra.
Ante esta situación mis abogados solicitaron a la corte mi automática reversión basados en el hecho de un proceso corrupto durante mi juicio. Ante estas declaraciones que obviamente indicaron la corrupta manera de proceder del FBI.
La juez Mary Lou permitió una cita a todos los testigos que fueron amenazados para determinar la posibilidad de un nuevo juicio de acuerdo a lo que los testigos testificaran.
Durante mi audiencia o cita ante la Corte se me fue asignado un abogado nuevo que desconocía mi caso en el cual actuó de una manera inexplicable, ya que durante mi audiencia misteriosamente sólo llamó a dos testigos aun cuando los otros dos estaban presentes para atestiguar acerca de la verdad. Todo esto me pareció muy extraño y pude determinar que este Sr. Sid Crowley no estaba en capacidad para defenderme y como resultado, por la falta de conocimiento de mi caso, al momento de intercambiar argumentos con la fiscalía la juez pudo notar que mi defensa no tenía idea de lo que estaba hablando y esto ocasionó que mi petición para un nuevo juicio fuera negada. Por un momento la falta de conocimiento de mi defensa era tan incompetente que yo mismo tenía que decirle qué hacer.
Ante esta situación, me comunique automáticamente con mi antiguo abogado Gilberto Villarreal, aunque él ya no está a cargo de mi caso, él escribió una solicitud a la Corte Suprema de Apelaciones explicando las razones por las cuales yo amerito un nuevo proceso judicial.
Señor Presidente, después de explicarle las injusticias de las cuales he sido objeto, si en su corazón verdaderamente está el ayudarme, le ruego en nombre de Dios Viviente que considere seriamente mi petición.
1- Deseo contratar al señor Gilberto Villarreal como mi abogado defensor con fondos de su gobierno. Si la voluntad de Dios y la de usted me lo permiten y que este señor Villarreal posee la capacidad para esto casos. Porque los abogados de la Corte me parecen misteriosos en su manera de defenderme.
2- No permita que agentes del FBI usen a mi misma raza (o nicaragüenses) para darme la pena mortal. Si en sus manos está el interceder, hágalo porque eso marcará la diferencia en mi apelación.
3- Deseo que dirija una petición al Presidente Bush o a la Corte Suprema de Apelaciones para que aceleren el proceso de examinación de mi caso para un nuevo juicio, ya que ellos tienen cientos de casos que analizar y el proceso demora, pero ellos hacen excepciones cuando hay intervenciones políticas o de los derechos humanos.
Señor Presidente, debido a la falta de apoyo y comunicación del Consulado de Nicaragua acá en Houston, Texas, deseo que me haga saber sus respuestas en relación a mis peticiones directamente a los siguientes teléfonos en Chinandega 341 3224, Gilma Berríos o Carlos Huete.
Sr. Presidente, reciba mis despedidas cordiales y que la Paz de Dios reine en su hogar esta Navidad.
Atentamente,
Bernardo A. Tercero (Salmo 102: 19-20).