El milagro del Chinandega

Tito Rondón [email protected] Estaba felicitando a Argelio Córdoba el otro día por el “milagro” que protagoniza el Chinandega en estos días, una de las gestas más gloriosas en la historia de nuestra pelota. “La Bruja” me contestó “no digas eso, chico, milagros solo Dios”. Se le puede llamar milagro. Perdieron a varios de sus jugadores […]

Tito Rondón [email protected]

Estaba felicitando a Argelio Córdoba el otro día por el “milagro” que protagoniza el Chinandega en estos días, una de las gestas más gloriosas en la historia de nuestra pelota.

“La Bruja” me contestó “no digas eso, chico, milagros solo Dios”.

Se le puede llamar milagro. Perdieron a varios de sus jugadores nacionales por sus problemas económicos, como Jaime Sosa y Bismarck Guadamuz.

Perdió a su posible lanzador estrella antes de que comenzara la temporada, cuando el intento de Carlos García de evitar trabucos resultó al revés y Asdrudes Flores reforzó a un ya de por sí poderoso León.

Tampoco pudo contratar a ningún pelotero extranjero, pese a que el panameño Audes de León estaba con mucha ilusión de regresar a “Chinangloria”, como decía con mucho cariño mi tío Noel Argüello, habitante de esa capital agrícola.

Los posibles patrocinadores no pudieron echarle el hombro al equipo, teniendo que batirse en retirada.

No se consiguió la famosa garantía bancaria, pero Carlos García, actuando acertadamente, es decir, con más misericordia que justicia, no insistió en el requisito (además, ¿para qué sirven esas dichosas garantías? Jamás le han pagado un centavo a nadie).

En otras palabras, era un equipo desarmado.

El año pasado el Chinandega ya hizo su “milagrito” con una gran presentación en la primera vuelta, pero volvió a la realidad en la segunda parte de la contienda.

Parte del problema que ha afectado al club es que juega en un estadio, el “Efraín Tijerino Mazariego”, que favorece bastante a los bateadores de poder, por lo que da la impresión que el equipo tiene más ofensiva que la que en realidad posee. En general, los directivos han sido incapaces de comprender eso.

Así que esta año no se esperaba mucho, aunque había esperanzas de que con nuevo patrocinio vinieran los importados para luchar por clasificar en la segunda vuelta.

En vez de eso, los únicos que ayudaban se retiraron. Todo parecía perdido, incluyendo la continuidad del equipo en la liga.

Pero igual que el fuego de la fragua templa el acero, las desgracias a menudo hacen crecer a los hombres. El Chinandega está a punto de clasificar a semifinales. Es un milagro…

El día que hablamos con él, felicitamos a Argelio por una labor que fácilmente le debe dar el premio de “Manager del Año”.

Pero no es el único héroe, ni mucho menos. Los 24 peloteros que se entregan enteros en el terreno de juego, en muchos partidos sin poder esperar remuneración económica, ni siquiera ayuda para sus necesidades básicas, son los principales protagonistas.

No hay que olvidar a Carlos Estrada, quien con un patrocinio necesariamente limitado le ha garantizado los gastos al equipo y gran parte de su sueldo a los jugadores.

También ha ayudado J. J. Hernández, quien ha sacrificado su rol de periodista por el de “gerente general”, pagando el precio de que se redujo la cobertura del equipo. Con todos ellos podemos gritar, “¡Chinandega es un milagro!”.  

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