Julio Ignacio Cardoze*
Me pregunto si la democracia representativa ha existido alguna vez en Nicaragua. Nuestro problema es más profundo que el simple cambio de caras viejas por caras nuevas, o caras recicladas. El ciudadano decepcionado quiere, cada vez más, expresar su opinión de manera directa, sin intermediarios. En otras palabras, el ciudadano con razón, exige una participación no manipulada en los procesos de toma de decisión que lo afectan.
Pero la realidad es que, en las sociedades modernas, no totalitarias, se hace escuchar mejor, no el ciudadano individualmente considerado, sino el ciudadano participando en organizaciones cívicas, como cámaras de industria, asociaciones de padres de familia, etc.; o políticas, como los partidos. La reacción que a veces se produce, frente a la representatividad política (ejemplo: abstencionismo) es de rechazo del ciudadano a la manipulación y al uso de sus intereses de forma ilegítima y abusiva, de parte de quienes supuestamente están obligados o comprometidos a defenderlo. En la medida en que las organizaciones políticas dejan de representar al ciudadano, para adquirir vida y objetivos propios, como ocurre con nuestros partidos, van perdiendo credibilidad y dejan de ser un medio para transformarse en un fin.
Los partidos políticos en Nicaragua, equivocadamente son un fin para satisfacer ambiciones personales de la cúpula que los controla, y no un medio cívico, de allí la falta de representatividad de nuestros políticos. Veamos por ejemplo, cómo se expresan los candidatos del PLC. Ellos dicen; “Estoy a la orden del partido”; “Soy disciplinado como soldado, y haré lo que el partido me ordene; o daré la vida por el jefe”. Así, actúan más bien como fascistas o comunistas, no como liberales. Los medios de información, cuando califican las posibilidades de algún candidato dicen: “Escobar Fornos, Robleto, Montealegre o Bolaños tienen posibilidades porque son “muy” amigos de Arnoldo”. Será normal que eso ocurra en el Frente Sandinista, pero no en personas que se autoestimen democráticas. En nuestro medio político, nadie dice; “Aspiraré si el pueblo me escoge porque le gusta mi plan”, ni someten sus ideas a la opinión pública, sino que tratan de convencer a la maquinaria del partido y “trabajan” a los convencionales (empleados del gobierno), esperando la “señal” de arriba, no del pueblo. Los partidos no escogen para candidatos a los que el pueblo respalda, sino que los “negocian” internamente.
La manipulación y la falta de representatividad, o el fraude que cometen los “partidos” políticos contra el pueblo, es mas obvia en “nuestros” diputados, con el invento de diputados nacionales y departamentales, que son electos por imposición, pues los ponen en una lista y así salen electos en “cascada”. La ciudadanía no los escoge, ni vota por ellos, ni por sus méritos, sino que los diputados lo único que tienen que hacer, es asegurarle incondicionalidad al “hombre” y ya está, los más amigos o con más compromisos, van de los primeros en la lista, y además, son electos por términos ridículamente “largos”, que contradicen el principio de la “representatividad” legislativa.
* El autor es abogado, ex ministro del Trabajo. Reside en Miami.