- El candidato del Partido Liberal deberá promover que se junten con ánimo de entendimiento y propósito de triunfo, todas las fuerzas que militan en los principios de la democracia
José Ernesto Somarriba
Como acto previo a la celebración de la Gran Convención del Partido Liberal Constitucionalista, para escoger al candidato para el cargo de Presidente de la República a ser elegido en las próximas elecciones generales del 2001, el líder principal del Partido, el Presidente de la República Dr. Arnoldo Alemán Lacayo, invitó a los convencionales del Departamento de Managua, a una reunión de reflexión que se llevó a cabo durante la mañana del 21 de diciembre del 2000.
El mensaje repetido durante toda la sesión fue contundente, preciso y conciso: “no tengo precandidato ungido, los convencionales del partido tienen la grave responsabilidad de escoger a quien más les guste. El único compromiso será que el candidato que surja de la Gran Convención debería ser apoyado por todos”.
¡Bien, señor Presidente!
Con tan clara orientación, lo que resta es determinar quién entre los pre-candidatos es el más adecuado para enfrentar el momento socio-político y económico que vive el país. No se trata de escoger al mejor, porque ninguno es mejor que los otros, todos los precandidatos son excelentes profesionales, sino que hay que hallar un “primus inter pares”, (el primero entre iguales), el que reúna las mejores calificaciones de cara a los diversos problemas que vive actualmente el país.
Y no nos esforzaremos en elaborar una lista completa de los problemas y situaciones que hay que resolver, eso sería motivo del Programa de Gobierno, sino que solamente plantearemos dos problemas políticos y tan solo uno económico de las muchas cuestiones que tendrá que enfrentar el candidato del Partido Liberal.
1. Hay que unificar al Partido Liberal Constitucionalista limando asperezas, analizando el presente y proyectando en el futuro la vida política del instituto partidario. Restaurar su imagen e infundirle mayor vigor.
2. El candidato del Partido Liberal deberá promover que se junten con ánimo de entendimiento y propósito de triunfo, todas las fuerzas que militan en los principios de la democracia.
3. Deberá comprometerse a la revitalización de la economía, y cuando menos, a privilegiar a los pequeños y medianos productores y empresarios, en todas las ramas de la producción, que se encuentran en el desamparo financiero con tasas de interés insoportables y sin una institución financiera especializada a la que puedan acudir en demanda de créditos para realizar sus proyectos.
Con sólo esos mínimos señalamientos, el candidato debe ser un liberal de ancestro liberal, para que pueda hablar con propiedad de liberalismo; debe ser un político relativamente joven, moderno, honesto, bien intencionado, de éxito en su vida profesional para que pueda negociar la participación en el torneo electoral de las diversas fuerzas que integran la democracia; y finalmente, debe ser un experto en la ciencia económica con aptitudes y experiencia para poder hacerle frente con acierto a los múltiples problemas y situaciones económicas y sociales que padece la población de la Nicaragua de hoy.
El Eclesiastés dice que “todo tiene su tiempo, y todo cuanto se hace debajo del sol tiene su hora”. Vendrán otros tiempos en que los candidatos necesiten reunir otras calificaciones de acuerdo a las urgencias del momento respectivo.
Como producto de una profunda reflexión, para que el Presidente que elijamos esté en capacidad de hacerle frente con éxito a los problemas sociales, económicos y políticos que presenta Nicaragua, valoro como el más idóneo para hacerse cargo de esas responsabilidades al prestigioso empresario, economista y político, Eduardo Montealegre Rivas.
¡Convencionales, pensadlo bien! ¡La suerte de Nicaragua y de la democracia que está en juego en esta elección, está en sus manos!
* El autor es ex presidente del Parlacen, fundador
y ex–secretario general del PLC.