No nos dejemos arrebatar las esperanzas

Violeta B. de Chamorro*

El día de hoy (ayer) celebramos el 23 aniversario del sacrificio de Pedro Joaquín por la libertad de Nicaragua. Por la mañana tuvimos la misa con la que lo recordamos todos los 10 de enero. Hoy (ayer) también he querido hacerle este sencillo homenaje a Pedro y a todos los patriotas que junto con él sufrieron en carne propia los atropellos de la dictadura somocista en 1956.

Lo hago porque al iniciar este nuevo siglo y este nuevo milenio los nicaragüenses todos debemos renovar nuestro compromiso con una Nicaragua libre, justa, próspera y profundamente democrática.

Desde hace varios años muchas personas me preguntaban que cómo podían obtener una copia de los libros de Pedro. La última edición de Estirpe Sangrienta se había agotado hacía muchísimos años.

Por eso la Fundación Violeta Barrios de Chamorro, con el apoyo de la Fundación Ortiz-Gurdián, decidió imprimir una nueva edición de este libro testimonial. Todos aquellos que quieran saber de dónde venimos, ahora podrán leer o releer Estirpe Sangrienta.

Pedro comenzó a escribir este libro desde la cárcel, hace ya 44 años, él me pasaba escondido, cada vez que lo visitaba en su cárcel, unos papelitos en los que contaba las cosas horribles que le sucedían a él y a todos los que estaban con él en los sótanos de la Casa Presidencial de los Somoza. De aquel símbolo de poder, aquí no quedan más que ruinas e ingratos recuerdos.

La Loma es ahora testigo mudo de lo rápido que pasa la gloria de los dictadores. Nos recuerda que con el tiempo la justicia divina entierra a los que quisieron enterrar en vida a sus adversarios políticos, encarcelándolos en sótanos oscuros y en jaulas junto a fieras dignas de las selvas.

Estirpe Sangrienta nos relata lo que sucedió en Nicaragua cuando los gobernantes se salieron de los cauces democráticos y caminaron por los caminos de la dictadura.

Nos habla de lo que ocurre cuando la intolerancia, la exclusión y la corrupción se entronizan en las casas presidenciales. Y cuando las libertades públicas y los derechos humanos son despreciados por los que se sienten dueños y señores de vidas en lugar de servidores públicos, que es lo que deben ser los que gobiernan las naciones.

Les agradezco a todos ustedes su presencia. En honor a la lucha de Pedro y todos estos patriotas, quiero compartir con ustedes mi profunda preocupación por la situación en que Nicaragua inicia este nuevo año, este nuevo siglo.

Esta preocupación no es sólo mía sino de todos los que como en aquellos años de lucha contra la tiranía, sentimos que los espacios se cierran y que el horizonte se oscurece.

A sólo cuatro años de haber dejado mis responsabilidades como Presidenta de la República, siento que la democracia por la que tanto luchamos ha retrocedido demasiado. Siento que las instituciones democráticas han sido atropelladas por los intereses de partidos. Siento que el prestigio que ya habíamos alcanzado en la Comunidad Internacional se ha venido al suelo, y que la corrupción ha vuelto a hacer su nido en las alturas.

La vida política de nuestra Nación gira hoy en torno a la voluntad caprichosa de dos caudillos de dudoso compromiso con la causa de la democracia.

En estos últimos años Nicaragua ha estado dominada por un pacto repudiado por todos los que somos demócratas. Lejos de haber sido un acuerdo nacional, al servicio de los intereses de la Nación, fue un trato entre dos caudillos que pusieron sobre la mesa sus propios intereses personales. Ellos pactaron la supuesta impunidad a sus fechorías, aunque fuera a costa de las instituciones y del desprestigio del país.

Aquí están pasando cosas inverosímiles. Se construyen carreteras con fondos públicos sólo para proteger el acceso a las fincas del gobernante. Se trasladan fondos de las entidades del Estado para gastos de la Presidencia, al margen del presupuesto. Y ninguna autoridad competente se atreve a ponerle el cascabel al gato.

Por otra parte, tenemos el capricho y la irresponsabilidad sin límites de Daniel Ortega que insiste en volver a ser presidente, a pesar del asombroso desastre en que me entregó este país en 1990.

Ambas son actitudes que deben quedar atrás ahora que entramos a este nuevo siglo. Permitir que sigan dominándonos sería continuar con el debilitamiento de las instituciones que deben ser pilares de la democracia.

Sería también profundizar el irrespeto a la ley y a la justicia, y permitir el manoseo de las libertades ciudadanas. Sería también condenar a más y más nicaragüenses a continuar emigrando a otros países para ganarse la vida.

Nicaragua no puede continuar otros cinco años por el camino torcido y oscuro en el que venimos desde 1997. Nicaragua debe liberarse del pacto oprobioso que hoy nos quiere imponer el corrupto sistema del bipartidismo forzado. Hay que dejar atrás el temor a los poderosos y hacer a un lado las amenazas de los que sólo saben amenazar.

Nicaragua necesita que todos los candidatos a la Presidencia de la República para las elecciones de noviembre sean personas profundamente comprometidas con la causa de la democracia, la libertad, la honestidad y la transparencia.

En lo personal no milito en ningún partido político, pero estoy clara que los partidos políticos tienen ahora una gran responsabilidad con nuestros ciudadanos. Sobre sus hombros recae la obligación de cambiar la Ley Electoral y saber escoger buenos candidatos con voluntad de servir a todos los nicaragüenses, sin distingos de ningún tipo.

Los partidos tienen la obligación de ser democráticos en su propia casa, para democratizar la casa de todos, que es nuestra Nicaragua.

Y para empezar, deberían escoger a sus candidatos de forma transparente, democrática y competitiva, sin dedazos ni inhibiciones.

Este 10 de enero, debemos renovar nuestro compromiso de no dejarnos arrebatar la esperanza.

Las semillas que sembraron Pedro y los mártires del 56 deben seguir germinando

Sólo así vamos a consolidar la República que soñó Pedro Joaquín y que juntos comenzamos a hacer realidad en 1990. Sólo así vamos a rendirles tributo verdadero a los que por una Patria digna dieron su sangre y sus vidas.

* Ex Presidenta de Nicaragua. Discurso con motivo del 23 Aniversario de la muerte del Dr. Pedro Joaquín Chamorro Cardenal  

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