El asesinato de Pedro Joaquín Chamorro

Bayardo Quinto Núñez

El 10 de enero de 1978, a las 8:20 minutos de la mañana, don Pedro Joaquín Chamorro Cardenal es asesinado por matones a sueldo de la dinastía de Somoza en los escombros de la vieja Managua.

Claro, a la dictadura somocista le convenía, le urgía asesinar a Pedro Joaquín Chamorro, porque veían en él un fiel obstáculo para sus intereses, por ser un acérrimo luchador y defensor de las causas justas del desprotegido –pobre–, y un fiel amante de la libertad de expresión y pensamiento.

En el libro “Estirpe Sangrienta: Los Somoza”, P. 10 y 11, se señala que el 20 de octubre de 1977, en la asamblea anual de la SIP que se efectuó en Santo Domingo, ahí se suscitó un enfrentamiento directo con el director del periódico oficial de los Somoza, entonces, Pedro Joaquín contundentemente y con ese mismo espíritu de lucha, denunció la violación de los derechos humanos, la represión política, la carente libertad de expresión, entre otras cosas.

En esa ocasión el representante de los Somoza rechazó de plano las denuncias en el Diario “Listin Diario Dominicano”. Al efecto, Pedro Joaquín volvió a tomar la palabra y dijo: “El representante de Somoza dijo a “Listin Diario” que voy a terminar como Miguel Angel Quevedo, “quien como es sabido se suicidó”. Dos meses y veintiún días después la sangrienta dictadura somocista lo asesinó.

Es esa hermosa dignidad de Pedro Joaquín Chamorro (q.e.p.d.), la que hizo romper los muros del silencio como jamás se había visto. Es decir, la lucha de Pedro no fue abstracta, sus contundentes ideales no fueron producto de la lírica, en todo caso era la existencia misma de su lucha tenaz contra el somocismo, con una redoblada voluntad de llevar hasta el final la lucha decisiva por la democratización y la liberación de Nicaragua.

Hoy en día, sería, será, o es un honor que los medios de comunicación continúen en ese mismo tenor, como a la fecha lo han hecho, a defender la libertad de expresión y pensamiento, al pueblo pobre, desde la trinchera escrita, ya que en esa medida se hace honor a los ideales de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

Solamente recordemos que construyó la “República de papel” que es LA PRENSA, donde se impregnó firmemente sus principios morales, es decir, siempre era pujante y señalador, eso es lo grandioso de su obra periodística, además de la defensa del pobre.

Pedro Joaquín Chamorro siempre estuvo al Servicio de la Verdad y la Justicia; para él dejar de publicar las verdades era como renunciar a su conciencia, era del criterio férreo que por su condición humana, tenía el deber de publicar todos aquellos atropellos, aún a su riesgo personal, que al final de cuentas así fue; es por ello, que en todos los tiempos será recordado en nuestros corazones y memorias.

Asimismo, era del criterio que “sin libertad de prensa no hay libertad”, eso es más que correcto, por ello, no se debe censurar la información, opinión política, cultural, etc., porque si no el pueblo se estanca, ya que evidentemente sería mutilar el progreso, el desarrollo de la libertad de expresión y pensamiento y sería estar en contra de los ideales de Pedro Joaquín Chamorro.

Por cuanto, a renglón seguido, el apostolado periodístico de Pedro Joaquín Chamorro era un eterno vaivén, en donde la vida se le escapaba a cada momento, hasta que la sangrienta dinastía de los Somoza, sin más preámbulo que el deseo de matarlo, ese 10 de enero de 1978, a las 8:20 a.m., lo asesinaron.

Y, como una muestra más de su rechazo a la opresión del sistema somocista, publicó el libro titulado “Estirpe Sangrienta: Los Somoza”, algo que era muy difícil hacer en tiempos de Somoza, en ese libro señala a los Somoza como viles ultrajantes de la dignidad humana, y además atropellos…

Y, como dijo “Gregorio Selser”: “La odisea referida en Estirpe Sangrienta: Los Somoza rebasa las crónicas del sadismo y la alucinación. Ya no es el esbirro o el bruto quienes ejercen la tortura; son los propios gobernantes los que se solazan y recrean con los seres inermes a los que no vacilan en aplicar los métodos más refinados de la crueldad”.

En fin, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal (q.e.p.d.) es todo un vivo testimonio de lucha contra el oprobio, la ignominia, por sus ideales y su libertad aludida, ello lo hace grande dentro del tiempo.

* El autor es abogado y escritor.  

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