La crucial responsabilidad del convencional

Julio Vega P.

La democracia interna de los partidos políticos debe pasar de ser una simple aspiración doctrinal o un apartado más de sus estatutos para convertirse en la máxima que oriente en todo momento las decisiones que se tomen a lo interno de sus estructuras y en el caso nuestro, en el caso de Nicaragua, los resultados de las elecciones internas del Partido Liberal Constitucionalista pasarán de tener un efecto limitado a lo interno del partido, para convertirse en la tabla de salvación de la democracia incipiente que estamos procurando fortalecer o convertirse en el plomo que hundirá rápidamente lo que hasta ahora se ha logrado en materia democrática.

De acuerdo con el sistema bipartidista, forzado o no, hay que depositar las esperanzas en lo que resulte de la Convención Liberal del catorce de enero, y así definir de una vez por todas si se da paso a un proceso de fortalecimiento de la democracia y del Estado Social de Derecho o se anuncia con clarines y trompetas el regreso del régimen sandinista al poder. Esto no es intolerancia política, simplemente considero que hace falta mucho para fortalecer un sistema en el que fuerzas de izquierda, de centro y de derecha se disputen libremente el poder, es decir y de acuerdo con la historia —que para muchos no es más que historia— no es posible permitirse el pronto regreso de quienes al igual que otros, se llevaron todo lo que quedaba de Nicaragua, sueños, ideales, libertades aspiraciones, jóvenes, niños, familias enteras, propiedades privadas grandes y pequeñas, derechos humanos y mucho más. En fin, hay que propugnar por un triunfo electoral que consolide lo ya logrado.

En este contexto, los convencionales liberales tienen el futuro de Nicaragua en sus manos. En la mañana del catorce de enero se constituirán más que como convencionales de un partido, en convencionales de la democracia nicaragüense. Esto es así, lo queramos o no todos los que no militamos en ningún partido político; pero no podemos negarle a los convencionales liberales la gran responsabilidad que recae sobre ellos, las alianzas vendrán por añadidura. Lo importante es centrar la elección en una persona honesta que sepa representar no solamente a los miembros del partido, sino que sepa representar los intereses de todos los nicaragüenses, que tenga bien clara su conciencia y sepa con certeza que su misión única será servir a Nicaragua y no servirse de Nicaragua.

Lamentablemente para quienes no militamos en ningún partido o quienes no se consideran liberales esto tiene que ser así, para poder gozar por un tiempo más de las bondades de la democracia, por más reciente que ésta sea.

Este anhelo en ningún momento representa para mí y estoy seguro que para usted tampoco, que estemos justificando o tratemos de justificar u olvidar los desaciertos de este gobierno. Esos desaciertos o actos de corrupción, ya sean ciertos o aún no comprobados, deben ser castigados o investigados, pero en este momento lo que más interesa es elegir a una persona honesta en todos los sentidos, que fortalezca el Poder Ejecutivo sobre la base de la transparencia y la honestidad, consciente de que sus limitaciones constitucionales llegan hasta donde se pueda permitir de manera absoluta la independencia de los demás poderes del Estado. Después, hay que continuar combatiendo la corrupción sea esta privada o pública.

La responsabilidad de los convencionales liberales es elegir a una persona honesta, transparente, que tenga una vida intachable, que durante los tiempos difíciles no haya decidido abandonar su país “para luchar desde afuera”, sin menospreciar a los que así lo hicieron.

Para resultar electo tiene más mérito aquel que sufrió en carne propia los abusos del régimen totalitario sandinista, tiene más mérito quien fue sacado violentamente de sus propiedades y quien, en aquellas circunstancias —desde adentro— lanzó gritos de protesta en contra de las violaciones a los derechos humanos y en contra de las confiscaciones, en compañía de líderes que ya no están aquí, simplemente por haber tomado la decisión de defender los derechos de todos los nicaragüenses, de alzar la voz de los sin voz; tiene más mérito aquel que en los momentos difíciles del sandinismo lideró la protesta de la empresa privada en contra de un sistema opresor que no creía en el libre mercado, sólo en su propio libre mercado; tiene más mérito aquel que marchó al frente de manifestaciones sin temer por su integridad física o por la de su familia, todo por Nicaragua, todo por el mismo convencional, que este catorce de enero sabrá depositar su voto por Nicaragua, por la democracia, por la libertad.

* El autor es abogado.  

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