Max Hurtado Mendoza
A medida que se aproximan las fechas claves para la selección de candidatos presidenciales y sus acompañantes en fórmulas, hay nerviosismo entre politiqueros tradicionales, quienes no terminan de encontrar en qué alianza meterse para no ser dejados por el tren de la historia después de las elecciones del próximo mes de noviembre.
En esta ocasión queremos referirnos a los aliados de última hora del FSLN, partido que se encuentra debatiendo estrategias para ganar dicha justa electoral.
El FSLN es un partido fuerte, arraigado, con estructuras organizadas en todo el territorio nacional y sobre todo, cuenta con suficientes militantes y simpatizantes que le que le garantizan un voto cautivo en todas las elecciones. Convencidos de que las alianzas verdaderamente ganadoras son aquéllas que generan votos nuevos, sectores inteligentes del FSLN habrán arribado a la conclusión de que a dichos aliados no los necesita el Frente ni le conviene llevarlos en alianza, entre otras, por las siguientes razones:
1. Su escasa representatividad. Esos cuatro pescaditos no tienen respaldo oficial de la internacional Demócrata Cristiana (IDC) para hacer alianza con el FSLN. La visita que hizo Vinicio Cerezo a Nicaragua el año pasado no tuvo el efecto esperado, ya que la IDC no se está prestando a ese juego ni puede hacerlo, porque la ideología y las prácticas totalitarias impuestas por el gobierno sandinista en la década de los 80 son contrarias a los principios demócrata cristianos. Antes bien, José Esteban González, Secretario General Adjunto a la IDC, con sede en Ginebra, envió dos cartas públicas pronunciándose en contra de tan descabellada alianza. Lo de Vinicio fue un acto suyo muy personal.
Es obvio que tampoco tienen con ellos a los militantes de los partidos PSC, UDC y PAN. Su alejamiento de las bases viene desde 1996 y 1997, cuando dos de esas figuras fueron expulsadas de sus respectivos partidos. La otra en los últimos diez años ha cambiado de partido once veces. El colmo es que en las elecciones de 1996 lanzó su candidatura a una diputación por segunda vez y ni siquiera sus fiscales votaron por ella. Un caso digno de Ripley o del Guinness Record.
Por otra parte, en programas radiales y televisivos numerosos democratacristianos han sido unánimes en responder con expresiones de condena y repudio a dicha alianza, calificándola como un acto unilateral y personal de sus impulsores. Esos pescaditos aprovechados, pretendiendo ser zancudos de los zancudos, terminarán siendo rehenes de su propia torpeza.
2. Su falta de confiabilidad. Su historial constituye una cadena de traiciones: En 1990 se le voltearon a la UNO y se fueron con el FSLN; después, traicionaron al FSLN para aliarse con el MRS, con el que en 1995 reformaron la Constitución y la Ley Electoral para que el FSLN nunca más volviera a ganar las elecciones.
Luego, en 1996 traicionaron al MRS aliándose de nuevo con el FSLN. después de esta traición, el MRS, que controlaba el CSE, les pasó la cuenta con la histórica resolución que dejó a la UDC fuera de los comicios de ese año, en base a un contundente recurso de impugnación presentado por la Fiscalía Nacional y el Tribunal Disciplinario de la UDC.
Este historial ya nos dice que si traicionaron al Frente una vez, lo volverían a hacer desde la Asamblea, si el FSLN decide incluirlos ahora en sus listas de candidatos y si resulta ganador en las próximas elecciones.
Lógicamente, hay sandinistas que se resisten a creer que estos socios advenedizos aumentarán sus votos, si pasaron años al lado de otros partidos atacándolos por sus posturas antidemocráticas y por el pacto libero-sandinista, para aparecer ahora con la frescura de querer ser aliados del FSLN de un día para otro. Es seguro que a alguien le mintieron. ¿Sería a los partidos democráticos integrados en la antigua UNO, o le mentirían al Frente? ¿O quizás a ambos? Sea como fuere, no son dignos de confianza y el pueblo sólo observa y después vota.
3. El peligro de nuevos resentimientos e inconformidades. Llevar en alianza a esos pescaditos implica desplazar de las listas de candidatos a cuadros valiosos del FSLN con trayectoria, capacidad, méritos indiscutibles y lealtad a toda prueba, como Bayardo Arce, Edwin Castro, Nelson Artola, Dámaso Vargas y Ada Luz Monterrey, entre otros. En última instancia, harían mejor papel en la candidatura vicepresidencial Manuel Coronel, Víctor Hugo Tinoco o Alejandro Martínez Cuenca que Agustín Jarquín Anaya.
En resumen, esos socios de última hora no tienen legalidad ni legitimidad, no ostentan respaldo internacional ni arrastre popular (el arrastre lo tiene el FSLN), no gozan de credibilidad ciudadana ni brindan confianza política. Es decir, no aportan votos nuevos. Más bien son una rémora, un estorbo. Su inclusión en las listas electorales del Frente podría ser causa de resentimientos y nuevas divisiones en las filas de ese partido.
Pero aún hay otra razón para que exista nerviosismo justificado entre estos simpáticos saltimbanquis: el FSLN sabe que ahora los tiene comiendo de su mano; que fuera de esa alianza no tienen a dónde ir y que si el Frente quiere, en cualquier momento los puede hacer a un lado, sepultando para siempre sus ambiciones políticas. Sería un dramático suicidio a cuatro bandas (¿o de cuatro bandidos?).
El autor es Secretario de Relaciones Internacionales de la UDC (Unión Demócrata Cristiana).