E. Fernando Lara P.
Durante el año que recién acaba de finalizar el Diario LA PRENSA publicó en tres ocasiones en la sección de Sucesos, con el titular de “Crímenes Famosos”, el asesinato de mi padre, Dr. León Lara Manning.
Mi madre quedó viuda con siete hijos, y yo, el mayor de los varones, tenía diez años. Ella nos inculcó el amor a Dios, al prójimo, sin rencores, nos infundió el perdón, en dejarle en las manos de Dios toda nuestra cruz.
En 1970 llegó a mi casa al Dr. Ramiro Sacasa, un amigo especial (él, mi padre y el Dr. Ramiro Granera Padilla, eran como hermanos). Llegó acompañado por el Ing. Jaime Cuadra y la directiva del nuevo partido PLC. Los Lara hemos sido fundadores del Partido Liberal desde sus inicios, mi abuelo el doctor y general Escolástico Lara -lo pueden ver en la historia- es de sus fundadores, pero yo no milito en ningún partido.
Ese día el Dr. Sacasa me contó que llegaba a mi casa porque mi padre, en la gran Convención Liberal de León en la que se disputaban la candidatura presidencial el Dr. René Schick y el Dr. Julio Quintana, siendo mi padre convencional del partido, apoyaba a Quintana, mientras los Somoza apoyaban a Schick. Mi padre, liberal de principios no quería nada con los Somoza. El presidía tribunas y animaba al estudiantado a superarse, creó cooperativas y su oficina parecía mercado lleno de campesinos con gallinitas y guineítos que le llevaban en agradecimiento a los servicios profesionales que él brindaba.
En la convención fue enviado el Dr. Sacasa a calmar al Dr. Lara, le dijo que no se siguiera oponiendo a Schick y que el gobierno le ofrecía la presidencia de la Cámara Baja del Parlamento. Mi padre le contestó: el día que quieras ser presidente tócame la puerta de mi casa, pero yo no me vendo. Entonces el Dr. Sacasa le dijo: León,estás firmando tu sentencia de muerte. Poco después, el Dr. Sacasa renunciaba al gobierno de los Somoza.
Si estuviera vivo Bernardino Díaz Ochoa les contaría que se avituallaba en la hacienda “El Roblar”. Mi padre incluso dio consejos a Carlos Fonseca. Yo di mi primera comunión en esa hacienda con 70 niños campesinos; mi padre era un líder, el mejor abogado de la región y uno de los mejores del país.
La hacienda El Roblar pagaba los salarios más altos del país, daba la mejor alimentación, el servicio social cubría a las mujeres y niños del trabajador, la medicina era gratis lo mismo que la colegiatura. En 1957 mi padre construyó la carretera que hoy se llama Santa Emilia-El Roblar, posteriormente se la donó al Gobierno Central para su debido mantenimiento y así beneficiar a más de cinco mil pobladores de la zona.
Como lo dijo en una ocasión el general Juan José Rodríguez Somoza: “El arma (con la que mataron a mi padre) salió del comando”; en medio de la bulla el arma se perdió y ni la pudieron presentar en el juicio, después todo fue un montaje, trataron por todos los medios de poner a mi padre como el malo al que nadie quería, pero nunca lo lograron.
Para mí fue bien triste descubrir que un amigo había sido el que dio el arma para matar a mi padre, me di cuenta quince años después del suceso y en circunstancias bien duras. En abril del 79, un oficial OSN me confesó que Somoza fue quien ordenó la muerte de mi padre y que quien entregó el arma fue el coronel Federico Davidson Blanco.
Tener dinero no es malo, lo malo es el origen de ese dinero; nosotros siempre nos hemos ganado lo que nos comemos y estoy muy orgulloso de mi origen, nunca nos hemos aprovechado de nadie.
El General Sandino, compadre de mi abuelo, le regaló unas tierras en San Carlos, yo jamás me he comido un jocote de esas tierras ni ninguno de mi familia, sin embargo, fuimos confiscados y lo que tenemos ha sido con el sudor de nuestra frente.
Nunca fuimos terratenientes, las quinientas manzanas que nos dejó mi padre, nosotros las cultivamos hasta que nos confiscaron,
Si estuvieran vivos hombres de su talla, doctores en leyes de verdad como Ramiro Granera, Ramiro Sacasa, José María Mairena, Tirso Zeledón, Aquiles Centeno, Mario Barquero y otros, darían un aval memorable de quien fue en vida el Dr. León Lara Manning.