¿Adiós a Jarquín?

Se dice que en materia política la última palabra nunca está dicha. Cuando muchos daban por sentado que como resultado de su alianza con el FSLN, el ingeniero Agustín Jarquín Anaya, de la Unidad Social Cristiana (USC), sería quien acompañaría como candidato a la Vicepresidencia de la República al señor Daniel Ortega en las elecciones del próximo año, he aquí que de pronto ha surgido otro personaje en busca de ser el compañero de fórmula de Ortega.

Se trata del ingeniero Manuel Coronel Kautz, Secretario de Finanzas del FSLN, quien en las elecciones edilicias recién pasadas fue el jefe de campaña del ahora alcalde electo de Managua, Herty Lewites. En la década del ochenta, Coronel fue funcionario del Midinra, la institución del Estado a cargo del sector agrícola. En una comparecencia pública este martes pasado, Coronel Kautz, junto con un grupo de empresarios sandinistas que incluyó al mismo Lewites, anunció sus aspiraciones y planteó lo que sería el plan económico del FSLN en caso de ganar las próximas elecciones.

El nuevo aspirante a la Vicepresidencia de la República, por el FSLN, manifestó estar seguro de que el candidato de su partido será Daniel Ortega “porque otro escenario no sería suficientemente fuerte para ordenar lo que viene después”. Manifestó además que una fórmula estrictamente sandinista tiene mayores probabilidades de éxito, y que encuentra “más compleja una propuesta socialcristiana”. Con esas declaraciones, la suerte del ingeniero Agustín Jarquín parece estar echada, y de ahora en adelante el socialcristiano deberá decidir si retirarse de la alianza o conformarse con una diputación o con algún cargo de menor importancia.

El repentino cambio que se ha operado en la estrategia sandinista parece obedecer a lo que ellos perciben como uno de los aspectos que tiene mayor urgencia de ser fortalecido en su oferta electoral: el aspecto económico. Sin duda que los sandinistas consideran que en ese campo es poco o nada lo que Agustín Jarquín podría aportarles en la contienda que se avecina, mientras que por lo visto consideran -por alguna razón- que la persona de Manuel Coronel Kautz podría servirles para calmar las ansiedades y temores que ha manifestado el sector privado nicaragüense organizado en torno al Cosep, y también para enviarle un mensaje de sosiego a los organismos financieros internacionales que con seguridad temen lo que podría significar para la economía de Nicaragua un gobierno presidido por Daniel Ortega. Es evidente, asimismo, que los empresarios sandinistas son más fieles a la ortodoxia del FSLN y al liderazgo de Daniel Ortega, y no tienen confianza en la candidatura del doctor Alejandro Martínez Cuenca, quien, por otra parte, muy difícilmente podría sacudirse el estigma -justificado o no- de haber sido uno de los estrategas del sistema que llevó al país a la debacle económica, en la década de los ochenta.

La maniobra sandinista, además, deja aislado a Humberto Ortega, quien hace poco descalificó públicamente a su hermano Daniel como el candidato idóneo para hacer que el Frente gane las elecciones del 2001. Todo parecía indicar que Martínez Cuenca era el candidato ideal de Humberto Ortega, ya que este en su carta descalificó explícitamente a los otros dos candidatos del FSLN, su hermano Daniel y Victor Hugo Tinoco, pero se abstuvo de mencionar a Martínez Cuenca. Por lo visto, el general retirado tenía esperanzas de persuadir al sector empresarial del partido para que le brindaran su apoyo a Martínez. Eso no sucedió, y los hombres de negocios sandinistas, ante la inminencia del triunfo de Daniel Ortega en la Consulta Popular que el próximo mes decidirá quien será el candidato del FSLN, decidieron no quemar sus naves y plegarse una vez más a quién por tercera vez tratará de llevarlos al poder. Está por verse ahora cuál será la reacción del general retirado.

La estrategia electoral sandinista no tiene nada de nuevo. De hecho es una repetición de la seguida en las elecciones de 1996, cuando el candidato a la Presidencia fue Daniel Ortega y el candidato a la Vicepresidencia fue el empresario Juan Manuel Caldera. Esa vez no les funcionó. ¿Tendrán alguna razón para pensar que esta vez será diferente?  

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