El mensaje del Cardenal Obando

Freddy [email protected]

La preocupación del cardenal miguel Obando y Bravo por lo que le augura a Nicaragua el próximo año, no es para menos. El país este año ha experimentado una difícil situación económica, se vivió un ambiente político un poco tenso, la institucionalización se ha visto sepultada por los intereses políticos y personales del FSLN y el PLC, el respeto por los derechos fundamentales de los ciudadanos ha retrocedido y las cosas para el 2001 son un poco sombrías.

El Cardenal Obando exhortó a la población a acudir a Cristo porque ve las cosas difíciles y teme que las elecciones del próximo año sean un poco complicadas. El prelado también instó a deponer actitudes e intereses personales.

Los problemas que el Cardenal augura para el próximo año pueden evitarse en gran parte si los líderes políticos cambian de actitudes, es decir, que dejen de ser oportunistas, que velen por el bienestar de la población tratando de garantizarle un mejor nivel de vida y buenos servicios públicos; que abandonen la maña de la corrupción, que se arranquen de raíz esos conceptos tiránicos, totalitarios, dictatoriales y avasalladores con la gente.

Indistintamente en la acera política en que se encuentren, los dirigentes de los partidos deberían tener planes concretos para desarrollar al país en todos los ámbitos, pero comenzando por los legisladores que parecen empleados de las cúpulas de los partidos aprobando leyes para los intereses de sus patrones, pues las cosas no pueden ir mejor en el resto del andamiaje de la sociedad.

Quizás los mensajes similares al de este recién pasado 24 de diciembre del Cardenal Obando, pueden ayudar bastante a que la población también desista de actitudes violentas y haga uso de la razón para discernir sobre el bien y el mal. Los mensajes de tolerancia y convivencia pacífica sí podrían alentar a la ciudadanía a ver las cosas con otras perspectivas.

En realidad, los cambios de actitudes son a todos los niveles, no solamente los políticos tienen la responsabilidad de ser diferentes, sino a título personal, los empresarios, las autoridades y todos aquellos agentes que constituyen el engranaje de la nación.

Pero esos cambios de actitudes, por ejemplo, tienen que pasar dándose una vuelta allí por donde don Daniel Ortega, don Arnoldo Alemán y el Consejo Supremo Electoral (CSE), para que destraben las malas intenciones políticas que tienen de no dejar participar en las elecciones a otras personas. Si estos señores no cambian de actitudes, estaremos en presencia de personajes con pensamientos y corazones tan rudimentarios, que ni el pedernal los podría ablandar.

Ojalá que el mensaje del Cardenal Obando surta efectos en personas con intenciones malévolas y las haga reflexionar por y para el bienestar de todos los nicaragüenses, que alguna esperanza les ha surgido con esto de la HIPC. La ciudadanía espera que el gobierno de Nicaragua invierta en escuelas, hospitales, caminos rurales, agua potable, energía, vivienda, salud, etc.

Sólo nos queda rogar porque la situación del país mejore para todos en el 2001.  

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