Alianzas que matan

Josefina [email protected]

Cada vez que da inicio un período electoral comienzan a amalgamarse dentro del ambiente político una serie de alianzas de la más extraña naturaleza.

Pero, lo que más llama la atención es que partidos cuyos dirigentes se han insultado con los más ofensivos epítetos y han sacado a relucir supuestos actos de corrupción mantenidos, cobarde e inmoralmente, en la manga para usarlos en contra de sus adversarios en el momento oportuno, a la hora que ven amenazadas sus cuotas de poder, no les importa decir con mucha solemnidad que están en “conversaciones” con el partido tal o cual, que ya para ese entonces dejó de ser corrupto, infantil, micropartido, oligarca, etc.; y bajo el lema que “en política hasta los ríos se devuelven”, justifican la formación de alianzas coyunturales, pegadas con saliva, que resultan ser provechosas para unos cuantos parroquianos pero nefastas para el país.

Creo que es hora que comencemos a darnos cuenta que los ríos no se devuelven nunca; ni en política, y, si este fuera el caso sería por obra de quienes no tienen principios, ni valores y que muy al estilo de las veletas, hoy dicen una cosa y mañana hacen otra.

Ahora se habla de pláticas de conservadores con la dirigencia del PLC. Me resisto a creer que los verdes, después de haber sufrido la inhibición de Pedro Solórzano, la acusación de desequilibrado mental a William Báez y más aún, después de haber sido calificados de oligarcas y de bastardos, puedan estar pensando en una alianza con el PLC.

Hoy día, la amenaza de una posible victoria sandinista no es suficiente excusa para justificar alianzas que a todas luces no pueden ser beneficiosas para el país y que de llegar a cuajar, seguirán minando la poca democracia que aún nos queda.

Una alianza encaminada a una verdadera intención de gobernabilidad y de unidad tendría que dejar excluidos a quienes durante la campaña pasada ofrecieron el oro y el moro para combatir al Frente Sandinista y que después de ganar las elecciones se olvidaron de quienes les confiaron el voto y lo primero que hicieron al llegar al poder fue sentarse con ellos y llevar a cabo un vergonzoso pacto que sirvió para asegurar los capitales malhabidos en ambos bandos; repartirse el poder y afianzarse en él.

Entonces, ¿cuál es la garantía que le ofrece a la población una alianza con esta misma gente? Lo único que puedo vislumbrar con una entente de esa naturaleza es la permanencia en el poder de los mismos que hemos visto los últimos cinco años, esta vez desde la Asamblea Nacional, acompañados de unos cuantos diputados conservadores sacudidos al vaivén de los negocios liberosandinistas y a otro grupo de ingenuos que estarían ocupando por muy poco tiempo ministerios a los cuales se le reduce a la mitad el presupuesto. La dirigencia del PLC ha demostrado no cumplir con los compromisos de alianzas ni con la palabra empeñada. Sus métodos de lucha no son éticos ni morales, por lo tanto cualquier acuerdo que se logre con ellos durará solamente el tiempo que sea necesario para sus intereses, independientemente de lo establecido.

Creo que una unión de los conservadores con los del PLC en estas circunstancias sería un suicidio político y la desaparición definitiva del partido. Los verdes todavía conservan su buena imagen y al aliarse con éstos tendrían que asumir unilateralmente la condena de la población que en algún momento los consideró opción.

Yo no quisiera que volvieran a gobernar los sandinistas, sobre todo porque ya nos dimos cuenta que quienes siguen dirigiendo ese partido son los mismos que ya nos destruyeron una vez, sin embargo tampoco me halaga la idea de volver a tener por otros cinco años a un PLC gobernado por la misma gente, quienes a lo largo de estos años de gestión gubernamental han demostrado interés únicamente en sus negocios personales y que usando el cuco del “frentismo” para manipular la opinión pública han justificado todas las zanganadas que han hecho.

Hoy, al igual que ayer, quieren con la misma cantaleta meter en miedo a la población erigiéndose como los salvadores, cuando ellos, con todas las concesiones que hicieron en el pacto, son los únicos responsables de la situación que estamos viviendo. No tenemos por qué los nicaragüenses pensar que el PLC es la única opción para ganarle al sandinismo.

Este es un momento crucial para el país, el cual requiere de un gran patriotismo, entrega personal y el dejar a un lado las ambiciones personales en favor de una agenda nacional capaz de convencer a la población de que sí existe una tercera vía alrededor de personas honestas y patriotas que ven más allá de sus propios intereses.

El Partido Conservador, junto a otras alianzas, podría ser un factor aglutinador del voto no sandinista. Para este fin, tendrán que unificar su discurso, organizarse a nivel nacional en coordinación con sus allegados, despejar los nubarrones de división interna y entender que están ante una gran disyuntiva: hacer una alianza con el PLC y desaparecer; o ser coherentes con lo que predicaron y quedarse del lado de la raya que ellos mismos decidieron trazar para ofrecerle a este pobre país la esperanza de un futuro mejor.  

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