Dos estrategias diferentes

Emilio Alvarez

El veto de Humberto Ortega a la candidatura de su hermano no tendrá mayor impacto, pues la actual clientela del FSLN de acuerdo con nuestra cultura política personalista, es hoy por hoy, “danielista” pues consideran que ha sido éste quien ha estado al cuido del rebaño en forma permanente. Las opiniones de Humberto ya no tienen la influencia de antaño, al punto que sus declaraciones han sido tomadas como una puñalada trapera, independientemente si son o no sensatas. En todo caso el FSLN no ha sido preparado para democratizarse y un brusco desplazamiento del caudillo como candidato, podría confundir e incluso animar abstención. Además el secretario general del sandinismo da como un hecho la división en dos partes iguales del sector centro-derecha lo que le permitiría ganar con el 35 por ciento de los votos.

Curiosamente, la realidad de la candidatura de Daniel es buena noticia para el PLC, pues aquella ya no sería peligrosa al no arrastrar más votos que el histórico, considerado insuficiente para ganar en la primera vuelta, que es su único chance. En consecuencia el PLC podría ahora con calma y sin mayor riesgo escoger al candidato más leal al doctor Alemán, sin perjuicio que éste seleccione a algún pre candidato en consulta con la empresa privada e incluso con un sector del conservatismo. En cambio, la posibilidad de una alianza institucional PLC-PC es remota, pues la inhibición que ordenó el liberalismo de la candidatura a alcalde de Pedro Solórzano abrió una herida profunda en la dirigencia juvenil del PC, que se sintió atropellada y menospreciada, más ahora con la amenaza de seguirle un juicio. . La pregunta es ¿habrá una fuerza capaz de torcer el brazo a los directivos conservadores o que termine dividiéndolos?.

Hay algo más en la diferencia de opinión de los hermanos Ortega. Humberto confía más en un avenimiento de largo plazo con los liberales (como hubiera sido convocar una Constituyente, previamente negociada en sus detalles), consolidando así al FSLN y dándole tiempo a modernizarse, en vez de jugársela a corto plazo con Daniel, un seguro candidato perdedor. Esa derrota dejaría frustrado al partido con un caudillo derrotado cuatro veces seguidas. En esas condiciones, una futura candidatura presidencial de Humberto (quien sutilmente reclama su derecho), sería difícil venderla, pues la militancia culparía a la familia Ortega (que considera al FSLN su feudo) de tantos fracasos. Por ello don Humberto salva su responsabilidad histórica advirtiendo en público el grave peligro de insistir en Daniel.

El triunfo en Managua de Lewites modificó lo planeado por Humberto con el PLC y les animó a ir solos en el 2001. En cambio, la vieja guardia del liberalismo había apoyado la Constituyente porque pensaron sería fácil con ella acortar el regreso del Dr. Alemán a la Presidencia. Por ello no les dolió entregar al adversario cuotas de poder como anticipo a futuras gangas. El único escenario que podría modificar la actual correlación de fuerzas es que el PC recoja en su casilla todas las fuerzas que repudian el pacto y asegure bajo un firme liderato que se mantendrán unidos, y no como la UNO, que apenas llegó al poder se fragmentó.

* El autor es analista político.  

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