Balance y perspectivas

  • Los resultados de las elecciones de noviembre implican cambios en el panorama político, que están siendo objeto de análisis en los diferentes partidos para determinar los posicionamientos que correspondan de cara a las elecciones presidenciales y legislativas venideras

Ariel Granera Sacasa

El 14 de noviembre, con la proclamación de electos por parte del CSE, cayó el último telón del proceso electoral más errático que ha conocido Nicaragua desde la restauración democrática .

Tanto desorden y menosprecio por los fundamentos legales y éticos que deben caracterizar el accionar de las instituciones en un sistema democrático, forma parte de las consecuencias negativas que se han derivado de los acuerdos o pactos entre el FSLN y el PLC, los que sin duda alguna habrá que corregir y superar si se terminan dando las transformaciones que ahora se avizoran en el escenario político del país.

Efectivamente, los resultados de las elecciones implican cambios en el panorama político , los que están siendo objeto de análisis en los diferentes partidos para determinar los posicionamientos que correspondan de cara a las elecciones presidenciales y legislativas venideras.

De los resultados se derivan ya algunas consideraciones preliminares importantes:

Las elecciones municipales del dos mil corroboraron la existencia de un mapa politico-electoral similar al de las elecciones presidenciales de 1990 y 1996 , caracterizado por la existencia de dos bloques electorales bien definidos. Un bloque electoral mayoritario no sandinista conformado por un 60 0/0 del electorado y un bloque minoritario sandinista que representa aproximadamente un 40 0/0 .

No obstante, en lo anterior hay un elemento totalmente nuevo, cual es que, por primera vez,a diferencia de lo sucedido en 1990 y 1996, el bloque de electores no sandinistas, no se aglutinó fundamentalmente en una sola organización política, llámese UNO o PLC, sino que otra organización , en este caso el Partido Conservador, captó una parte de ese 60 0/0, y con sus más de 200 mil votos, al romper el bipartidismo, se transforma en una pieza clave de cuyo accionar puede depender el resultado en un sentido u otro de la próxima elección.

Por otra parte, otro aspecto importante que los resultados electorales arrojaron fue una alta tasa de abstención, menos importante es si se pondera con lo que se considera es la abstención normal, pero inusual si se la compara con las tasas de abstención que se venían produciendo de 1990 a esta fecha.( 11 0/0 mayor que la de 1996 ).

A defecto de poder contar por el momento con estudios de opinión que enriquezcan el análisis, podemos adelantar en cuanto a esto algunos factores explicativos: Lo novedoso de unas elecciones municipales separadas de las elecciones generales, donde sólo estas últimas son vistas como importantes y decisivas. La figura fuerte y motivante del candidato presidencial que juega un papel de arrastre frente al electorado para las votaciones legislativas y municipales cuando éstas se daban juntas, al no existir en elecciones municipales separadas y ser sustituida por las figuras de más de 150 candidatos, muchos de ellos desconocidos y algunos de no muy buena calidad tuvo un efecto desmotivante en los electores. La percepción que las alcaldías no son importantes en la vida cotidiana de la gente. Un electorado nuevo, poco motivado políticamente. El desorden con los padrones electorales que cuando finalmente el ciudadano podía votar tenía sin embargo que dejar su cédula, indujo a muchos ciudadanos a preferir no votar por miedo de que se la perdiesen, etc. Sin duda a estos factores habría que agregar algunos o muchos más, sin embargo, sean los que fuesen, las primeras evaluaciones arrojan que para las elecciones del año que viene la participación electoral se incrementará en relación con lo que fue en la pasada contienda. Por otra parte, otro elemento que está bastante claro es que la abstención beneficia a los partidos con mayor electorado cautivo y con mejor organización. En ese caso, el principal beneficiario sería el FSLN y en contraposición a lo anterior una mayor participación tiende a beneficiar a los Partidos Democráticos.

Independientemente de la conclusión final a la que se llegue sobre el fenómeno abstencionista, podemos afirmar en relación a la generalidad del panorama, que estamos en presencia de un escenario político a tres bandas, donde el Partido Conservador logró captar la simpatía de un sector del electorado no sandinista que en 1996 votó por el candidato liberal.

Esta situación, más lo estrecho de la diferencia entre el resultado obtenido por el Partido Liberal y el Partido Sandinista, en un país en donde no sólo hay liberales, conservadores y sandinistas, sino simplemente sandinistas y no sandinistas, es lo que está presionando a favor de lo que se ha dado en llamar la Unidad del Voto Democrático, a lo que también se agrega , jugando un papel importante, la posición del empresariado nicaragüense, que no ve con buenos ojos la posibilidad de un retorno al poder de un Partido Sandinista que no ha podido ni querido transformarse.

No obstante, y aunque a simple vista las condiciones de una tal unidad pudiesen parecer simples , no lo son , tienen su complejidad y su eventual realización implica superar un cierto número de obstáculos, a fin de que no sea una unidad hecha con una óptica politiquera, sino que responda en su proyecto al desafío de dotar a la Nación nicaragüense de modernidad, institucionalidad y progreso verdadero.

* El autor es Cientista Político y directivo del Partido Conservador.  

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