Navidades no son “Santa Clouses”

Federico Dueñas

Por favor no perdamos la perspectiva de nuestra realidad y nuestro entorno cultural. No nos dejemos llevar por los osados mensajes publicitarios navideños impregnados de enajenante basura comercial anglosajona. Este es un país predominantemente mestizo (hispanos, criollos, indios, uno que otro chino y negros) abigarrado, típicamente, dirigido por gobernantes corruptos y cínicos, en donde la pobreza extrema es parte esencial del folklore nacional y, por demás principal y preciado objeto de exportación. Un país mendigante, pero con harta y sensible “dignidad”, sobre todo cuando se descubren las malvadas fechorías de poderosos políticos y, éstas no se pueden “tapar” con oportunidad y los países donantes del mundo se enteran de ellas, así de cómo se manosean y saquean aquí el producto de sus impuestos. ¡Qué bochorno! diría doña Ramona.

Asimismo en este frondoso paisaje natural resulta por demás chocante y absurdo mirar anuncios navideños, en los que destaca un obeso anciano vestido de rojo y blanco (entiendo que dicho famoso uniforme fue invento de la Coca-Cola en los años treinta), con brillantes botas negras, sobre un trineo conducido por seis renos que marcha sobre la blanca nieve y el firmamento, llevando un enorme saco de regalos para los niños “buenos”. ¿Qué es un reno? Se preguntaría inmediatamente un niño de la calle.

Pregúntome yo, en mi enorme ignorancia. ¿por qué hemos dejado que los voraces comerciantes se “tomen” nuestras fechas más sentidas, como cristianos y católicos, para mercadear sus ventas? ¿Será este un pecado de omisión, señor cura?.

El feliz nacimiento de Jesucristo es sencilla y llanamente señores, el hecho histórico más grandioso que nos ha sucedido desde la creación de este mísero mundo. Cuando Jesús nace, el tiempo se para, se suspende, se goza, se regocija y…, nuevamente comienza a correr para creyentes y no creyentes. Jesús ya llegó a nosotros, ya vino para nuestra salvación personal, para regalarnos su mensaje de consuelo y amor. Para, posteriormente, morir por nosotros en manos de los romanos por presión de los judíos del Sanedrín (¿Serían también comerciantes y vendedores?). Jesús nació en la soledad y la miseria de un sencillo pesebre, rodeado de animales durante el frío invierno de las montañas. No hubo hospedaje decoroso en Belén para José y María, no tenían dinero, ni tarjetas de crédito, ni eran altos funcionarios del gobierno. Eran pobres, era la familia de un simple carpintero, y para acabar la cosa, ni siquiera José era el papá de Jesús. Pero, Jesús, el hijo del carpintero, revolucionó nuestras vidas y las sigue revolucionando, si lo aceptamos en nuestro corazón pecador y renacemos a El como Nicodemo. Pregúntome yo nuevamente. ¿Qué carajos tiene que hacer el tal Mister Santa Claus en este “rollo”?.

Siento que la Navidad le pertenece en exclusiva y por derecho Divino a nuestro Señor Jesucristo, que no hay, no existe, ni puede haber espacio para nadie más, que El es el único que merece respeto, gloria y honor de Su pueblo. Para mí es una herejía el árbol pino con esferas y el obeso personaje roji-blanco y, debería de ser una herejía también para los pastores del pueblo Escogido. No sería mucho pedir a estos curas que en el catecismo, o en cualquier otra manera de evangelizar, se tomen la molestia e introduzcan el truculento y fantástico tema de Santa Claus, para resaltar el verdadero acontecimiento que se debe celebrar en estas fechas. El feliz nacimiento de Jesús, nuestro redentor. Celebremos Su nacimiento con dignidad. Seamos verdaderos católicos, sólo Jesús es el Rey y gocémonos con un aniversario mas de su feliz nacimiento. Feliz Navidad a todos mis apreciados lectores y a los demás… también.  

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí