Reencantar a la sociedad

Sergio Cuarezma

“Hace falta reencantar de nuevo a esta sociedad”. Es una afirmación, y a la vez una preocupación, seria y compartida, que Guillermo Rothschuh Villanueva hace en su libro Tiempo Adverso.

Para “reencantar a la sociedad” es necesario partir del hecho que algunas de las características de los gobiernos del pasado no han desaparecido, aunque no existen ya las dictaduras ni los gobiernos militares se advierte una peligrosa tendencia a la exclusión de las personas en la actividad pública. Es decir, que los ciudadanos tienen muy poca injerencia en los asuntos públicos, como si luego de elegir hubieran delegado a los funcionarios públicos sus derechos políticos, al tiempo en que delegaron la conducción de los asuntos públicos, lo que hace que las grandes mayorías queden de nuevo excluidas de la esfera del poder y de los espacios de tomas de decisiones, contrario a la idea de participación democrática.

La sociedad nicaragüense ha llegado a un momento en que exige transformar sus instituciones políticas con la finalidad de consolidar el principio de participación. Los riesgos y el precio de un estancamiento institucional sería muy alto, la ciudadanía se frustraría, las posibilidades no aprovechadas, ineficiencias crecientes del Estado y la profundización de los mecanismos viciosos de la corrupción llevarían inevitablemente a la sociedad a un total desencanto. Para restituir la credibilidad, propone Guillermo Rothschuh Villanueva, hay que encarnar el discurso diario en una práctica concreta. Demostrando, dice el escritor y ensayista, con hechos mensurables, palpables, que no sólo es deseable, sino también posible, crear nuevas formas de conducta, nuevas maneras de asumir nuestros compromisos y de dirimir nuestras diferencias, abriéndole espacio al diálogo, animando el debate y sosteniendo como principio ineludible, que el respeto a la diversidad de ideas y opiniones, es una condición básica para la dignificación del ser nicaragüense.

Las instituciones políticas son deficitarias, porque se han retrasado respecto a la sociedad cuya capacidad política canalizan. El éxito de un régimen democrático depende de que la sociedad no sólo lo perciba sino lo sienta como un sistema valioso, que la persona se vea representada en las instituciones y que participe en el poder y en la toma de decisiones. Sin la participación la democracia “no funciona”, no “encanta a nadie”.

Para “reencantar a la sociedad”, ésta tiene que valorar a la democracia como una forma de acceder a posiciones de decisión; la de defender sus intereses –sin interferencias viciadas-, ante quienes ocupan esos puestos; y la de que estas defensas y solicitaciones influyan en la conducta de los líderes o gobernantes.

La participación de la sociedad, juega un papel fundamental en el proceso de transformación del Estado, y el diseño del sistema político, ya que a través de ella se canaliza el interés en la construcción de una sociedad democrática, es decir la gestión en los intereses asociativos desde el marco de la ciudadanía. El “reencantamiento de la sociedad” pasa entonces, por crear las condiciones para el respeto de los principios del Estado de Derecho, ya que éstos permitirían ofrecer condiciones éticas mínimas para la gobernabilidad y la estabilidad en el proceso democrático que la Nación intenta construir. Esto hace necesario distribuir el poder, para que la sociedad tenga una mayor presencia y participación en la configuración de la vida comunitaria. Así, nuestra sociedad, “abúlica y desconfiada”, tendría el ánimo y haría renacer de nuevo su credibilidad perdida. Este desafío debe “pavimentar el camino, trazar nuevas rutas” para el siglo XXI.

* Catedrático de Derecho Penal y Criminología.  

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