El ingreso de Nicaragua a la HIPC servirá, como se sabe, para aliviar sustancialmente la carga de la deuda externa y asignar cuantiosos recursos económicos a la inversión social, y al fortalecimiento de las instituciones democráticas. Es por lo tanto una nueva gran oportunidad que se le ofrece al país y que tenemos la obligación de aprovechar de manera responsable y honesta posible.
Ingresar al grupo de naciones más pobres y endeudadas del mundo no es motivo de orgullo para nadie. Tampoco la HIPC es una receta mágica para resolver los ingentes y complejos problemas nacionales. Sin embargo, la HIPC es sumamente importante porque al aliviar sustancialmente la deuda externa del país, permite la posibilidad de comenzar a salir del atraso, la pobreza extrema y la precariedad institucional en que vivimos hasta ahora.
La HIPC fue creada en 1996 por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), para ofrecer a los países pobres altamente endeudados -como Nicaragua- una salida intermedia y realista al problema del endeudamiento externo, entre los extremos de tener que pagar toda la deuda, lo cual es imposible, o su condonación total, que ha sido una consigna política atractiva pero al mismo tiempo un objetivo absolutamente inviable.
Pero a la HIPC se le critica porque no resuelve totalmente el problema de la deuda externa. También se le vitupera porque los países que se acogen a ella quedan sometidos a un estricto control de los organismos financieros internacionales. Incluso se menciona que algunos países que ingresaron a la HIPC ahora tienen que asignar más recursos que antes para pagar el servicio de la deuda externa (casos de Senegal, Tanzania y Zambia).
En realidad, el objetivo de la HIPC no es resolver mágicamente los problemas de atraso, subdesarrollo y pobreza extrema de países como Nicaragua. Sólo es, repetimos, una solución intermedia al problema de la deuda externa que, bien aprovechada, podría servir para erradicar la pobreza extrema e impulsar el desarrollo, partiendo del uso adecuado de los propios recursos y de un financiamiento externo en condiciones muy favorables, cuya inversión debe ser estrictamente vigilada por la opinión pública nacional y por los organismos internacionales. Y es lógico que los países beneficiados por la HIPC que no cumplen los requisitos de austeridad e integridad, y que más bien siguen viviendo en sus corruptelas y despilfarros, vuelvan a endeudarse y queden aún peor de lo que estaban antes.
El objetivo de la HIPC se debe entender, entonces, bajo el principio de que los países que se acojan a ella deben saber ayudarse primero a sí mismos para merecer la ayuda de los demás y, sobre todo, para posteriormente no necesitar de ninguna ayuda extrajera que al fin y al cabo se convierte en una dependencia viciosa que escarnece la dignidad nacional.
En ese sentido fue que en noviembre de 1998, cuando visitó Centroamérica inmediatamente después del huracán “Mitch”, el entonces Director-Gerente del FMI, Michel Camdessus, advirtió a los centroamericanos que no es con la deuda externa que debíamos obsesionarnos, sino con nuestro propio futuro. Camdessus tenía razón. Ni la condonación ni el alivio de la deuda resuelven los terribles problemas de nuestros países si éstos no programan su propio futuro ni trabajan duramente para mejorarlo, y si los recursos liberados por el alivio de la deuda se siguen destinando a gastos burocrático-militaristas, al lujo de camarillas gobernantes y a la corrupción.
Nicaragua ya había ingresado, de hecho, a la HIPC, después del huracán “Mitch”, cuando los países y organismos multilaterales acreedores decretaron una moratoria del pago de la deuda, que termina en febrero del año 2001. Ahora, al lograr el Punto de Decisión y luego el de Confirmación, Nicaragua ingresará definitivamente a la HIPC y se hará acreedor a todos sus beneficios, con lo cual, repetimos, se presenta una excelente oportunidad que sería más que lamentable no saber aprovechar.
Por nuestra parte seguiremos cumpliendo nuestro irrenunciable deber de vigilar que los recursos que se generen gracias a la HIPC, sean usados de la manera apropiada y honesta que se requiere para convertir la oportunidad en soluciones efectivas de los urgentes problemas que agobian a la nación.