- Humberto Ortega cree que para que el FSLN tenga posibilidades de triunfar también en las elecciones presidenciales del 2001, necesita proponerle al electorado a un candidato “tipo Herty”.
Jorge [email protected]
Humberto Ortega Saavedra, considerado por algunos como el gran oráculo y el gran estratega del sandinismo, ha bajado del Olimpo -o de Costa Rica, para ser más exactos- y ha hablado. Su sentencia solemne: que en aras de asegurar el triunfo del sandinismo en las elecciones nacionales del 2001, su hermano, Daniel Ortega Saavedra, “máximo líder y conductor del FSLN”, el “patrimonio más importante” del partido rojinegro, no debe ser el candidato a la Presidencia.
El pensamiento del “gran estratega” se hizo público la semana pasada en un documento titulado “Unidad para sumar, sumar para vencer”. En él, el general retirado explica las razones por las que cree que su hermano no debe ser el candidato. Dejando a un lado las suspicacias de un posible “compadre hablado”, y tomando a valor facial el contenido del manifiesto de Humberto Ortega, resulta evidente que éste considera que Daniel es un candidato perdedor.
Daniel, sin embargo, no lo cree así, y está plenamente convencido de poder ganar la Presidencia de la República. ¿En qué basa el diputado Ortega su certeza? En dos elementos fundamentales: primero, en el bajo porcentaje de votos válidos requerido por la ley para ganar la Presidencia en primera vuelta, y segundo, en la posibilidad de que el voto democrático llegue dividido a las elecciones.
Recordemos que los “genios” liberales que el año pasado negociaron el pacto libero-sandinista, cometieron la inaudita torpeza de acceder a bajar el techo de requerimiento de votos para ganar la Presidencia de la República en primera vuelta, de un 45 por ciento a un 40 por ciento, y a un 35 por ciento, incluso, en caso que el candidato que resulte en segundo lugar quede, cuando menos, a 5 puntos porcentuales de distancia del que obtenga el primer lugar con un mínimo del 35 por ciento. Y si Daniel Ortega obtuvo el 42 por ciento en 1990, y el 38 por ciento en 1996, no es ni remoto ni imposible que en el 2001 saque porcentajes parecidos, o inclusive más altos. Por otra parte, él correctamente valora la vieja máxima que dice “divide y reinarás”, y conociendo la presidentitis aguda que aflige a muchos de los que están en el campo opuesto al sandinismo, piensa, no sin razón, que las probabilidades de un fraccionamiento del voto antisandinista son considerablemente altas. Por eso creo que el señor Daniel Ortega no anda del todo perdido al creer que, apoyado en esos dos elementos, tenga una posibilidad real de coronar con éxito sus aspiraciones presidenciales.
Pero volvamos al “oráculo”. ¿Qué pretende Humberto Ortega al hacer pública su oposición a la candidatura de su hermano? ¿Es que a caso piensa que de esa manera puede forzar a Daniel a que desista de postularse? No lo creo. ¿Entonces?, me parece que se trata, en primer lugar, de un acto de vedettismo político; un afán de reafirmar su fama de “gran gurú” del sandinismo, y en segundo lugar, presentarse ante la ciudadanía en general, y ante los militantes y simpatizantes rojinegros, como el único capaz de elaborar la estrategia necesaria para asegurar el retorno del FSLN al poder.
Ahora bien, basado en el éxito que el sandinismo logró en Managua en las elecciones municipales recién pasadas, Humberto Ortega cree que para que el FSLN tenga posibilidades de triunfar también en las elecciones presidenciales del 2001, necesita proponerle al electorado a un candidato “tipo Herty”. De ahí que la búsqueda de la máscara perfecta se ha convertido en un verdadero imperativo. El gran problema es, sin embargo, que la única persona que goza de indiscutible popularidad dentro del FSLN es Daniel Ortega, lo cual lo convierte en ganador seguro y legítimo de la Consulta Popular programada para el próximo mes. Además, que la denuncia pública que hizo su hermano la semana pasada lo deja sin ninguna posibilidad de abstenerse de participar en ella, so pena de ser percibido por las bases sandinistas como manejado por Humberto.
Es cierto también que siempre existe la posibilidad teórica de que una vez que sea elegido por las bases para ser el candidato, el diputado Ortega decline a favor del candidato “tipo Herty”, que, en ese caso, tendría que ser producto de un “dedazo” suyo, aunque escogido con la aprobación previa del “gran estratega”. Algo posible, pero improbable. Me parece más bien que Daniel Ortega siente que las próximas elecciones le están brindando la oportunidad de reivindicarse ante la historia, una oportunidad que, sospecho, no dejará escapar.
El autor es miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA y catedrático de la Universidad Thomas More.