Jorge [email protected]
Durante la visita que hiciera a nicaragua la semana pasada el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías –el “hijo espiritual de Fidel Castro”, como fuera catalogado en Le Monde, conocido diario izquierdista francés–, tuvimos oportunidad de escuchar de viva voz del mandatario sureño algunas de sus más profundas y caras convicciones.
De entre todas las “perlas” del pensamiento chavista hubo una que me llamó poderosamente la atención. Dijo Chávez: “El neoliberalismo es el camino… al infierno”. (Como es sabido, el término “neoliberalismo” es usado por la izquierda mundial y latinoamericana como una palabra-código que le sirve para, solapadamente, manifestar su desprecio por la economía de mercado, la libertad individual, y la democracia representativa).
Hugo Chávez no se atreve abiertamente –todavía– a proponer el socialismo, ni ningún otro esquema colectivista de gobierno, como la alternativa deseable para Venezuela, sino que se escuda en la bandera de una supuesta “revolución bolivariana”, que le permite ocultar sus verdaderas intenciones de, eventualmente, dar al traste con la economía de mercado, la libertad individual y la democracia representativa; algo exactamente igual a la táctica de aquéllos que en el pasado se escondieron aquí bajo el manto de la llamada “revolución sandinista” que, como se comprobó posteriormente, tenían intenciones y propósitos similares.
Unos días antes de la visita del “hijo espiritual de Fidel Castro” me tocó releer, de pura coincidencia, la obra “Camino a la Servidumbre”, del economista y pensador social austriaco, Friedrich A. Hayek, ganador del Premio Nobel de Economía en 1974. Por supuesto que me resultó inevitable comparar el pensamiento de Hayek con el de Chávez.
En el libro del economista austriaco –escrito en sus “horas libres” entre 1940 y 1943–, está contenido, a mi juicio, el más claro y devastador análisis que se haya escrito hasta ahora de las consecuencias no intencionadas del socialismo.
Friedrich Hayek, que en su juventud fuera atraído por esa ideología, dedicó ese libro “a los socialistas de todos los partidos”, ya que sabía que ellos abrigaban en su corazón un deseo sincero de crear una mejor sociedad. Pero la profunda capacidad observadora y analítica de Hayek lo llevaron al convencimiento que la implementación de las políticas socialistas –de manera no intencionada, pero irremediablemente segura–, llevarían a cualquier sociedad a las más férreas y abominables dictaduras. Por eso decía Hayek: “¿Acaso hay tragedia imaginable más grande que la que en nuestro esfuerzo deliberado por conformar nuestro futuro de acuerdo con elevados ideales, produzcamos, sin desearlo, exactamente lo opuesto a nuestro objetivo?”.
La historia de la segunda mitad del Siglo XX se encargó de confirmar hasta la saciedad la validez del pensamiento hayekiano. Ese mismo medio siglo demostró, además, que los países que incorporaron como parte de su sistema de vida y de gobierno todo aquello que Chávez y la izquierda latinoamericana y mundial aborrecen con apasionada y visceral convicción, son los que han logrado mejorar las condiciones de vida de todos sus ciudadanos dentro de un ambiente de libertad y de respeto a los derechos humanos.
No obstante, todavía quedan muchos socialistas –que aquí se autollaman sandinistas–, que se resisten a aprender de la historia. Es el caso, por ejemplo, de un sandinista que este fin de semana escribiera en un diario local que: “[El capitalismo] es, por ahora, claro vencedor”, pero nos asegura que el socialismo es inmortal y que resucitará como “Ave Fénix”, ya que es en sí mismo el “afán de combatir la injusticia y desigualdad”.
A ese señor le salen sobrando las lecciones de la historia. De nada sirve que la experiencia socialista haya demostrado ser opresiva e incapaz de “combatir la injusticia y desigualdad”. Todas las versiones de gobierno colectivistas inspiradas en el socialismo que se instauraron en el Siglo XX, llámense comunistas, nazistas, sandinistas o maoistas, llevaron a la más abyecta desgracia a los pueblos donde se implementaron. Sin embargo, vemos que muchos, como ese señor, sólo esperan que cambien las circunstancias para tratar nuevamente de imponer alguna versión colectivista de gobierno inspirada en la ideología socialista.
Por razones de espacio no es posible en este artículo ahondar en el contenido del pensamiento de Hayek, pero quisiera aprovechar la oportunidad para recomendar a mis amables lectores –y muy especialmente a los sandinistas–, la lectura de la obra “Camino a la Servidumbre”. Estoy seguro que la disfrutarán y que no se arrepentirán de hacerlo. No en balde ocupa en la actualidad uno de los primeros lugares en la venta de libros de economía en “Amazon.com”, la librería más grande del mundo.
El autor es miembro del Consejo Editorial del Diario LA PRENSA.