Las lecciones no aprendidas

Adolfo Pastrán Arancibia

Todavía el consejo supremo electoral no proclamaba ganadores de las elecciones municipales del 5 de noviembre, y ya estábamos inmersos en una adelantada campaña presidencialista por los cuatro costados.

Parece que las grandes lecciones populares, reflejadas en los resultados de las elecciones municipales, o no han sido vistas con realismo por la clase política nicaragüense, o algunos políticos se hacen ciegos, sordos y mudos, sin tomar en cuenta a la ciudadanía.

Los tres partidos que resultaron vivos de la contienda recién pasada, parecen haber utilizado estos comicios locales como una medición de fuerza, lanzándose a proclamar candidatos sin tomar en cuenta los grandes mensajes de los sectores marginales, pobres, clase media y desempleada, que votó mayoritariamente por los programas y los mensajes de sus candidatos edilicios, no por los partidos.

Mientras en el FSLN un sector propugna por la cuarta candidatura presidencial de Daniel Ortega, proclamando que no hay sandinismo sin Ortega, en medio de una fuerza oposición interna, en el PLC las candidaturas presidenciales en serie están atomizando a esta organización que cada vez más indica resistencia hacia la influencia del Presidente Arnoldo Alemán.

Del lado del Partido Conservador los manotazos entre Pedro Solórzano y Noel

Vidaurre no han cesado, pasando a segundo plano la obligada recomposición de toda su estructura partidaria para ser competitivos en el 2001.

Si nos detenemos a examinar cada uno de los mensajes de los actuales precandidatos nos encontramos con más de lo mismo. No hay ninguna lección aprendida: los mismos pleitos tradicionales, ambiciones desmedidas, promesas incumplidas, demagogia, acusaciones mutuas, y sobre todo, falta de visión de mediano y largo plazo en donde los nicaragüenses sean la prioridad. Los mensajes que están enviando a los nicaragüenses no pasan de ser los mismos.

El pueblo debe saber por qué les conviene votar por liberales, sandinistas o conservadores en el 2001, cuáles son sus programas para recomponer el sistema político actual y consolidar la democracia, en una escogencia abierta, sin imposiciones políticas o económicas, sin influencias de ningún tipo, mucho menos por dedazos.

Precisamente, una de las lecciones que dejaron las elecciones municipales es que el pueblo quiere servidores públicos, no políticos profesionales y de carrera. Una gran cantidad de alcaldes electos, ganaron porque sus mensajes fueron limpios y porque se comprometieron a trabajar por la gente.

La elección de muchos candidatos sandinistas está demostrando que las viejas heridas de la guerra y el desgarre que vivió Nicaragua en la década de los 80, va quedando irremediablemente atrás, porque un 60 por ciento de los votantes que no pasan de los 30 años, tienen otras expectativas de vida, y votaron por el sandinismo, porque vieron caras nuevas y creíbles.

Y los resultados para los liberales también demuestran que es falso que el PLC se esté desmoronando o que ya no tenga seguidores, a pesar de los errores cometidos: el pueblo les dio una oportunidad más, porque quiere cambios y un gobierno para la clase pobre y media.

El Partido Conservador, que si bien no superó todas sus expectativas, ha tomado un impulso y un peso importante en la política nacional, pero tiene que superar la creencia popular de que siguen siendo un partido de ricos y oligarcas, en donde los intereses económicos son primero. Aquí el reto de encontrar un consenso interno, es mayor.

Con cifras en mano se puede comprobar que aquellos candidatos que avivaron los tambores de guerra y trataron de revivir los fantasmas de la confrontación, fueron los mayormente derrotados. Entonces, es preciso darse cuenta que el pueblo quiere respuestas a sus demandas, y debe suponerse por eso que a los nicaragüenses no les interesa, ni les agradan, los políticos enfrascados en pugnas y luchas internas, que en una guerra de zancadillas y codazos, buscan ser los ungidos candidatos presidenciales.

Es definitivo que el panorama político en Nicaragua ha cambiado después del 5 de noviembre. La gente quiere administradores honestos, capaces y transparentes, no ideólogos, no políticos, no corruptos.

El éxito hacia el futuro es que nuestros políticos no ofrezcan las mismas caras desgastadas, ni promesas falsas, ni demagogias, ni candidatos impuestos. ¿Que el pueblo está padeciendo amnesia por el pasado, por los escándalos de corrupción y los efectos del pacto?, es otra cosa.

Todavía es tiempo para aprender la lección.

El autor es periodista.  

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