Devaluación de la palabra

Douglas [email protected]

Si la palabra era sinónimo de responsabilidad, ahora es de duda, cuando quien la da es un alto funcionario gubernamental, un líder político o un banquero de Nicaragua. “Te doy mi palabra”, le dijo el Presidente Arnoldo Alemán a una periodista de televisión, después de anunciarle que el Estado devolvería todo el dinero a los clientes del desaparecido Banco del Café, anulando la decisión que había tomado cuatro días antes. Frente al televisor muchos nicaragüenses nos reímos con espontaneidad.

La palabra se devaluó antes que la moneda con la crisis financiera del país, porque dos bancos quebraron en menos de cuatro meses y en ambos casos hubo mentiras públicas de banqueros y gobernantes. Aseguraban tener solidez económica y pedían confianza, pero al poco tiempo se desplomaron y los daños serán cubiertos con el dinero de todos los ciudadanos que pagamos impuestos.

Un hombre dijo que sacó su dinero del Banco Intercontinental (Interbank) un día antes que lo intervinieran, porque una funcionaria amiga le alertó de la quiebra. Confiado fue a depositarlo al Banco del Café y tres meses después estuvo a punto de perderlo todo. Hoy es un perfecto incrédulo.

Pero antes de llevar sus ahorros al Bancafé reflexionó y tuvo que creer en la palabra de alguien. Recuerda que oyó al presidente de la República decir que ya todo estaba en orden, que ningún otro banco estaba en crisis y que el Estado garantizaba los fondos del público.

También escuchó de los directivos del Bancafé que su institución estaba sana y en vías de capitalización, reafirmando incluso que no tenían ningún problema con los hermanos Centeno Roque, los empresarios que contribuyeron a la caída del Interbank.

Sin embargo, la insolvencia los estaba carcomiendo y el Presidente lo sabía bien desde enero pasado y lo negó, le mintió a los nicaragüenses. Peor aún, cuando se hundió el Bancafé, Alemán decidió dejar sin protección a los depositantes y ordenó pagar sólo 20 mil córdobas por cuenta, independiente de que el depósito fuera mil veces mayor.

La Superintendencia de Bancos asegura que sugirió al Presidente de la República que resolviera de una vez el caso del Bancafé, en agosto pasado cuando sucumbió el Interbank, pero no hizo caso y dejó que más nicaragüenses y empresas se embarcaran en un banco destinado al naufragio.

Los dueños del Bancafé, apoyados por el discurso gubernamental, continuaron atrayendo, con engaño, a clientes que buscaban más intereses para sus depósitos o que confiaban en la supuesta solidez económica. Cuando el banco quebró afloraron las mentiras y las trampas con que los mismos directivos malversaban el dinero de los ahorrantes. Aparecieron también los hermanos Centeno Roque con préstamos hasta por 18 millones de dólares.

La oleada de ciudadanos que de inmediato fue a sacar su dinero a otros bancos, hizo rectificar al Presidente y ordenó pagar a los depositantes estafados, pero la mayoría de nicaragüenses ya eran presa de la desconfianza y costará que superen ese trauma, porque ahora no saben en qué palabra creer.  

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