Hace falta cordura

El Consejo Supremo Electoral (CSE) se comprometió a informar hoy sobre los resultados de las elecciones municipales del recién pasado 5 de noviembre, mientras que el FSLN amenazó con desencadenar la violencia -y derrocar al Presidente Arnoldo Alemán-, si el CSE sigue retrasando la proclamación de los electos y no reconoce los triunfos electorales que se adjudica el sandinismo.

La verdad es que, independientemente de las amenazas del FSLN, ha transcurrido demasiado tiempo desde la celebración de las elecciones municipales sin que el CSE diera a conocer un informe oficial sobre sus resultados. Esta demora -incomprensible, injustificable y peligrosa-, no debe ser por falta de recursos tecnológicos y humanos, porque nunca antes hubo en Nicaragua unas elecciones que tuvieran tanto respaldo de tecnología avanzada, como las del 5 de noviembre, ni tan caras, ya que cada voto costó entre 15 y 20 dólares, según estimaciones extraoficiales.

De manera que son políticas, sin duda, las causas del exasperante atraso del CSE en dar a conocer al público los resultados de las elecciones municipales; o más bien dicho, se deben a las irresponsabilidades de los políticos. En efecto, ¿cómo es posible que el PLC y el FSLN, así como el Consejo Supremo Electoral cuyas decisiones principales ellos determinan, hayan creado esta crisis que incluye hasta la amenaza de derrocar al gobierno, después que ambos partidos pactaron para repartirse los cargos en el Poder Electoral y los otros poderes públicos, precisamente para vigilarse mutuamente e impedir que uno se impusiera fraudulentamente al otro?

El juego de los políticos libero-sandinistas resulta más irresponsable y dañino para la estabilidad del país y la tranquilidad de la ciudadanía, si se considera que las instituciones democráticas son muy frágiles y que hay una crítica situación económica nacional, como consecuencia de los últimos fraudes y quiebras bancarias que han sumido a la población en la incertidumbre, al borde de la desesperación.

Cualquier persona sensata puede darse cuenta de que lo que se necesita es fortalecer las instituciones democráticas, cultivar la confianza ciudadana, enfrentar la crisis socio-económica con sentido de nación. En otras palabras, hace falta que los políticos actúen de manera racional, con cordura y responsabilidad, comenzando con que el CSE reconozca y proclame oficialmente, hoy mismo, a quienes efectivamente triunfaron en las urnas electorales, sin importarle que sean sandinistas, liberales o conservadores.

Los partidos mayoritarios, PLC y FSLN -cuya responsabilidad es mayor precisamente porque representan a la mayoría de los votantes-, no deben pretender adjudicarse alcaldías que no les correspondan de acuerdo con el resultado de unas elecciones que según los observadores independientes fueron básicamente normales, pero que ellos mismos -los políticos libero-sandinistas- han puesto en entredicho con sus pleitos y maniobras.

En lo que se refiere al caso de Herty Lewites, es tan pérfido que el PLC lo manipule para tratar de apropiarse de la Alcaldía de Managua que el candidato sandinista ganó incuestionablemente, como que el FSLN impida por medio de la violencia que se investigue el destino de los más de 7 millones de dólares que supuestamente Lewites recibió, a principios de 1990, después que el sandinismo perdió las elecciones y antes que asumiera el nuevo gobierno, como préstamo del Banco Central al Ministerio de Turismo, investigación de la que debe derivarse si hay o no responsabilidad penal y si ésta prescribió o continúa vigente.

La verdad es que sería beneficioso para el mismo Lewites que se esclareciera el destino de esos más de 7 millones de dólares que pertenecen al pueblo de Nicaragua. Si el asunto no se aclara, Lewites y el FSLN quedarán marcados para siempre con el señalamiento moral que hicieron los obispos la semana anterior, de que el pecado de robo no se puede perdonar mientras no se devuelva lo robado; y la sospecha ciudadana de que en ese asunto hubo algo indebido, no se borrará mientras no se demuestre públicamente la culpabilidad o inocencia de Herty Lewites y del FSLN, agregamos nosotros.

Es cierto que los políticos liberales y sandinistas fueron escogidos por el pueblo para gobernar y hacer la oposición. Pero, ¿acaso es mucho pedirles que actúen con cordura?  

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