- Las marcas de Emil Zatopek han perdido significado con el paso del tiempo, pero la proeza, ganar los 5 y 10 mil, agregando el Maratón, sigue resistiendo los embates del tiempo y del viento
Edgard Tijerino M. [email protected]
Casi medio siglo después, la figura de Emil Zatopek –fallecido hace unos días a los 78 años de edad- se proyecta majestuosamente encima de todos nosotros… En 1952, él estremeció al planeta durante los Juegos de Helsinki con una triple victoria en 5 mil, 10 mil y el Maratón, y se pensó, estaba abriendo espacio para el advenimiento de los súper-atletas de fondo, capaces de cabalgar sobre sus huellas hacia proezas más impresionantes.
Cuando Jesse Owen ganó sus cuatro medallas de oro en Berlín 36, los expertos se precipitaron asegurando que “nunca veremos otro caso igual”, pero Carl Lewis los corrigió en Los Angeles 84… Luego, con el salto de 8.90 metros de Beamon en México 68, se dijo: “deberemos esperar el otro siglo para ver caer esta marca”. Sin embargo, Mike Powell adelantó la fecha.
En Atletismo, nadie tiene la menor idea sobre “el límite” en lo referente a marcas, pero si colocamos sobre el tapete las hazañas, y colocamos la lupa que José Arcadio Buendía obtuvo de Melquíades en Cien Años de Soledad, encima de las pruebas de fondo, fácilmente nos percataremos que el triple oro de Zatopek, lejos de perder brillo y esplendor, se ha convertido en una misión imposible.
El 20 de Julio en Helsinki, Zatopek ganó los 10 mil deteniendo los cronómetros en 29 minutos con 17 segundos… Cuatro días después se impone en 5 mil con 14 minutos, 06 segundos y 6 décimas… Después, fue en busca del oro en Maratón, distancia que correría por primera vez, y lo logró recorriendo los 42 kilómetros 195 metros en 2 horas 23 minutos, 3 segundos y 2 décimas… Esa barrida en fondo, nunca más volvió a ocurrir, ni siquiera con Lasse Viren.
Las marcas de Zatopek fueron perdiendo significado con el paso del tiempo, mientras los métodos científicos se apoderaban de la preparación de los atletas, pero la proeza, ganar los 5 y 10 mil, agregando el Maratón, sigue resistiendo los embates del tiempo y del viento.
Zatopek fue, un deportista esencial, pleno de voluntad y agresividad… Un obsesivo, un permanente perseguidor de la grandeza, un insatisfecho con sus progresos… Tuvo la dosis extra de coraje para sobreponerse a las más variadas dificultades: desde correr sobre ceniza, pasando por una mala alimentación, y obviando una preparación física alejada de los actuales cuidados médicos.
¿Y qué decir de su forma de correr?… Parecía que venía lanzado contra un muro al que debería derribar con el pecho, o en ocasiones, parecía traer un cuchillo clavado con la cabeza hacia atrás y los brazos extendidos… Había algo heroico en su esfuerzo que fue captado por todas las fotografías de la época.
Su estrategia fue sencilla: asfixiar a los rivales, someterlos con su contundencia, inutilizarles sus esperanzas
Su espíritu de sacrificio fue llamativo e inigualable… Siempre se le observó una envidiable devoción por el entrenamiento. ¿Quién otro podría ser tan empeñado?… En la cima de la montaña de su grandeza, se dice que corría unas 1.000 horas al año, 800 kilómetros al mes. Es decir, casi 27 kilómetros al día, bastante más de medio maratón. El objetivo fue hacer del entrenamiento un trabajo tan intenso y duro, que la competición le resultase casi un descanso.
Zatopek fue en su época, un auténtico “pura sangre”, y deja un reto latiendo: ¿Quién será el próximo en dominar las tres grandes pruebas de fondo en los mismos Juegos Olímpicos?… A lo largo de los últimos 48 años, eso ha sido una misión imposible.