“Solemnidad de Cristo Rey”

Pbro. Silvio Fonseca Martínez

Tú lo has dicho. Soy Rey.

Lectura del Santo Evangelio, según San Juan 18, 33-37.

En aquel tiempo, preguntó Pilatos a Jesús: “¿Eres tú el rey de los judíos?”, Jesús le contestó: “¿Eso lo preguntas por tu cuenta o te lo han dicho otros?”, Pilatos le respondió: “¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué es lo que has hecho?”, Jesús le contestó: “Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores habrían luchado para que no cayera yo en manos de los judíos. Pero mi Reino no es de aquí”.

Pilatos le dijo: “¿Con que tú eres rey?”, Jesús le contestó: “Tú lo has dicho. Soy rey. Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la verdad. Todo lo que es de la verdad, escucha mi voz”.

Palabra del Señor.

Lecturas bíblicas: Daniel 7, 13-14/Apocalipsis 1, 5-8/San Juan 18, 33-37.

La Iglesia celebra hoy a Cristo como Rey del universo, para concluir el Año Litúrgico, ciclo B, e iniciar el próximo domingo un nuevo calendario litúrgico. Este año se caracterizó particularmente por el Jubileo, fortalecido especialmente por el evangelista Marcos, quien centra en su evangelio el Mesianismo de Jesús.

Deseo tomar como reflexión central la respuesta que Jesús le da a Pilato: “Mi reino no es de este mundo ¿Qué relación entonces tiene su reino con nuestro mundo? ¿Será que somos seres de otro planeta? ¿Cómo explicar entonces la “injerencia” del evangelio en lo temporal? En la práctica constatamos que el reino de Jesucristo marca la historia, como lo expresamos simbólicamente en la Vigilia Pascual poniendo a Cristo como Alfa y Omega.

La primera afirmación existencial es que el cristiano vive y no puede ni debe ‘separarse’ del mundo, por ende vive en esos 2 mundos; el terrenal y el celestial; la segunda es la tarea de poner a Cristo como el único juez y el centro de la historia.

La liturgia de hoy quiere recordar al género humano que Cristo es “el Alfa y la Omega, el que es y el que era, y el que ha de vivir, el Todopoderoso”, asimismo, “todos los pueblos de la Tierra harán duelo por su causa” (Ap. 1, 5-8). Una pregunta vendría al caso: ¿Qué lugar ocupa Cristo en una sociedad democrática donde en materia religiosa vivimos una torre de Babel? A esto quiero añadir que la preocupación del ser humano, aún creyente, se mueve más en las cosas temporales porque tiene que sobrevivir; es decir, él simplemente protege y defiende su naturaleza humana; necesidades que también la experimentan los creyentes; pero el hombre no es sólo materia; sabemos que las necesidades espirituales sólo pueden ser saciadas por Dios, y es aquí, donde necesariamente se busca a Cristo, el único que le da sentido a lo natural y a lo sobrenatural.

Proclamar a Cristo como Rey del universo es ponernos también ante la realidad de que el hombre se ha fabricado dioses tangibles, como el poder, el placer y el tener, donde según él encuentra la respuesta precisa que busca a sus interrogantes y ocupan el espacio de Cristo proclamándolo Rey de su historia personal. Tampoco el cristiano escapa a esta tentación y vive un permanente conflicto de conciencia, ya que siente la necesidad de esos dos mundos.

Viene al caso también las relaciones que la Iglesia debe mantener con los mundos temporales, mal interpretada por algunos y mal intencionadas por otros; que escondiendo intereses ocultos la quieren aprovechar para sus fines particulares u otros que quieren encerrarlas a las sacristías, para que sólo se interese por el cielo y no por la tierra. El pueblo de Dios interpreta fácilmente las palabras y gestos de algunos medios de comunicación, de algunos periodistas, de algunos políticos, que a través de la pluma, el micrófono o la televisión, pretenden engañar al pueblo con señalamientos a la Iglesia. Se está llegando incluso hasta el extremo de querer “prohibir” a la Iglesia cumplir con su ministerio al bendecir los proyectos humanos que son para el bien común.

Los cristianos maduros están llamados a una auténtica conciencia política; la Iglesia respeta a los gobiernos temporales y reconoce el bien y el mal que pueda existir, independientemente del color político que lo cubra; en la práctica son los gobiernos que han tenido problemas con la Iglesia al irrespetarla, o querer una Iglesia para sus intereses; ella ha respetado siempre los gobiernos y desde sus posibilidades apoya a las causas sociales en beneficio de todos. Así construimos el Reino de Dios en la Tierra.  

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