¡Que fluya, sí, el juicio como agua y la justicia como arroyo perenne! (Amós 5, 24)
Nosotros los Obispos de la Provincia Eclesiástica de Nicaragua, hemos analizado como pastores, la situación nacional: la crisis bancaria que atraviesa el país, sobre todo el drama fuerte que se vive en estos últimos días debido a la quiebra de otro banco. Quiebra económica que una vez más será asumida por el pueblo nicaragüense.
Esta situación en el sistema bancario nacional es producto de la codicia y egoísmo de quienes ven a Nicaragua como un botín. Codicia que ha venido desde los robos efectuados por algunos funcionarios durante los gobiernos somocista, sandinista e incluso los dos gobiernos democráticos que últimamente hemos tenido. 6
El pueblo de Nicaragua va perdiendo la confianza en las instituciones bancarias y en los poderes del Estado. El Gobierno no cuenta con la capacidad para hacer cumplir las leyes a aquéllos que las violan. La misma Superintendencia de Bancos debería conocer mes a mes el estado de los bancos nacionales y alertar cuando uno de ellos ejecute transacciones que pongan en peligro la estabilidad nacional. A esto se suman políticos que desde su posición y discurso guerrerista desestabilizan la nación dando declaraciones populistas y sin fundamentos, pretendiendo colapsar la economía nacional.
La ola de asaltos a instituciones bancarias y empresas privadas de servicio, muchos de los cuales no han sido hasta ahora esclarecidos por la Policía, demuestran un alto grado de degradación moral y las condenamos, al igual que los asaltos llevados a cabo por aquéllos que sin fusil en mano, pero con guantes de seda roban del erario lo que le pertenece al pueblo de Nicaragua. Ambos deberán ser perseguidos y castigados conforme a las leyes de la nación, en igualdad de condiciones.
Esta crisis en la economía no es más que el reflejo de un mal moral en lo interno de la sociedad. Los autores de fraudes económicos deben recordar que el pecado de robo no se perdona mientras no se haya restituido lo que se ha robado.
La justicia es aplicada muchas veces de manera tardía, con artimañas y de forma preferencial. Quienes tienen poder económico o político gozan de inmunidad ya sea por derecho o por influencias, mientras el pueblo pobre paga por crímenes que muchas veces no ha cometido. El único delito es ser pobre y no contar con los recursos necesarios para ejercer su derecho a la defensa. La justicia deberá ser aplicada a todos por igual.
Vemos además con mucha preocupación la situación social que atraviesa la mayoría del pueblo pobre, con salarios que no alcanzan para mantener a sus familias, sin acceso a los servicios básicos de salud, educación y seguridad ciudadana.
A toda esta crisis se suma la invasión de sectas que sin escrúpulos ofrecen soluciones alejadas de la realidad, aprovechándose de la sencillez de nuestro pueblo. Mostrando un camino moral alejado de la verdad de Cristo.
Creemos que la solución a la crisis que atraviesa la nación no está de forma exclusiva en las manos del Gobierno, la solución está en manos de todos y cada uno de los nicaragüenses que con amor y sacrificio estén dispuestos a trabajar con honradez y justicia, desde una visión cristiana por el bien de la misma nación. Gravísima responsabilidad, pensamos nosotros, tienen los medios de comunicación social, que deben no sólo ser veraces en sus informaciones sino también responsables.
Nicaragua necesita de políticos honestos. Políticos que escuchen al pueblo, que promuevan leyes que beneficien a la nación, que practiquen un alto sentido moral en cada una de las actividades de su vida. Un político sin conciencia moral es como un lobo en medio de ovejas indefensas. La nación necesita de políticos que no se muevan por egoísmos o personalismos, sino que sean capaces de llevar adelante las acciones y leyes que el pueblo necesita.
Nicaragua necesita, igualmente personas e instituciones (nacionales o internacionales), que con una visión de solidaridad estén dispuestos, a pesar de todo, a confiar en Nicaragua invirtiendo capital para la consolidación no sólo de la economía nacional sino del bienestar de las familias nicaragüenses pagando salarios dignos y justos para los obreros que también son hijos de Dios. Inversionistas que aporten y no sangren la economía nacional. Obreros que desde la fe trabajen no sólo por el beneficio personal, sino por el bien de la nación. Laborando con honradez y haciendo presente a Cristo en su lugar de trabajo.
La nación necesita de maestros que con empeño y sacrificio, estén dispuestos a formar a la generación del mañana no sólo con los conocimientos intelectuales necesarios para enfrentar la nueva exigencia científica, sino y sobre todo a formar en valores humanos y cristianos para que en un futuro los que rijan los destinos de nuestra nación sean capaces de practicarlos por el bien de la misma.
Comprendemos y sentimos la preocupación e incluso la angustia de quienes han sido afectados por la reciente crisis bancaria. Hacemos un llamado a conservar la calma y, sin perder de vista que es Dios nuestra verdadera riqueza y que es Cristo el que nos hace sentir más llevadera la carga de las dificultades de este mundo (Cf. Mt. 11, 28-30), creemos que deben poner en marcha todos los mecanismos legales que les permitan la recuperación total de sus bienes.
Los nicaragüenses necesitamos recuperar y fortalecer la virtud de la solidaridad. Necesitamos apoyar a aquéllos que están desamparados, olvidados, agobiados y desesperados. La solidaridad cristiana nos invita a ser personas que son felices con lo que tienen únicamente cuando lo comparten razonablemente con los que no lo tienen. “Que cada uno, sin ninguna excepción, debe considerar al prójimo como “otro yo”, cuidando, en primer lugar, de su vida y de los medios necesarios para vivirla dignamente” (GS 27, 1).
Como nación y como pueblo fervientemente católico, se necesita volver nuestro rostro y nuestra alma al amor de los amores, a Jesús. Necesitamos ser un pueblo que frecuenta los Sacramentos y que amanezca de rodillas en oración ante la presencia de Dios, porque sólo así lograremos estar de pie como personas, como instituciones y como nación.
Esperamos que Nicaragua cuente con hombres y mujeres de buena voluntad, con políticos honestos, con empresarios patriotas, con un pueblo de fe y sobre todo cuente con la presencia constante de la Santísima Trinidad y de la Bienaventurada Virgen María.
Dado en La Cartuja, Matagalpa, a los 21 días del mes de noviembre del año del Señor 2000. Memoria de la presentación de la Santísima Virgen María.
Doy fe.
Mons. Juan Abelardo Mata Guevara, Secretario General de la Conferencia Episcopal de Nicaragua.