CSE ganó 2-0

Félix Navarrete

Después de la tempestad viene la calma. Fue la primera experiencia en transmitir los resultados electorales por la vía informática. Hubo expectativas y hasta rumores que alcanzaban ribetes de novela, pero al final salimos ilesos. Magistrados, funcionarios, empleados de menor rango, especialistas, todo el personal del Consejo Supremo Electoral (CSE) estuvo reconcentrado por varios días antes del parto, afinando el sistema, mientras afuera los periodistas urdían las más inverosímiles leyendas sobre cómo terminaría este proceso electoral.

Hay que reconocerlo, y los medios también deben hacerlo, que esta guerra la ganó la democracia. Es irónico decirlo, pero en honor a la verdad, el CSE estuvo luchando contra una furiosa campaña de desprestigio que se dirigía desde los partidos políticos opositores, y contra los propios esfuerzos por confeccionar un sistema que garantizara rapidez, seguridad y transparencia en los resultados electorales.

Los que creyeron en el fraude, se equivocaron. La pretensión quedó en el sinuoso terreno de la fantasía literaria, en las ideas novelescas de algunos colegas que quisieron graduarse de Sherlock Holmes, sometiendo a un riguroso escalpelo la máquina Xerox que imprimió muy a tiempo las seis millones de boletas. Cuando ya nadie pudo confeccionar un argumento convincente sobre el sistema de transmisión de los datos electorales, entonces se recurrió al telepuerto, a la posibilidad de que los datos fueran interferidos por piratas informáticos a ese síndrome de la desconfianza mutua que todos los nicaragüenses nos tenemos y que nos hace duermevelas de oficio, porque todos nos espiamos los unos a los otros.

No he conocido otra industria tan llena de suspicacias y de campañas sórdidas como las electorales. Hacer las elecciones en un país donde nadie confía en nadie, y el sistema de credibilidad es aún un proceso en construcción, es una proeza política. El CSE, a contrapelo de toda esta avalancha, ha ganado esta partida. Ha probado que la credibilidad de un sistema no se construye con suspicacias políticas ni con campañas de desconfianza, sino con trabajo, con tesón, con ganas de modernizar la industria electoral, a pesar de que las suspicacias políticas se mantengan.

Digo esto porque fui testigo de los ingentes esfuerzos que realizara un equipo de jóvenes competentes en informática, por lograr que el sistema de transmisión de resultados fuera un éxito. Observé en algunas madrugadas la rigurosidad con que instalaron el sistema, las pruebas que se realizaron, los autocuestionamientos que ellos se hacían para aumentar su confianza en la infalibilidad del sistema, convertirse de repente en abogados del diablo para que no quedara ninguna sombra de duda sobre el trabajo que estaban realizando. La hora del parto final se acercaba.

Hasta que llegó el esperado día D, con la historia de telepuertos contada novelescamente por un diario local, y pese a eso, nadie pudo poner en tela de duda de que la experiencia había sido un éxito. Luego, fue la primera vez en la historia que los medios de comunicación siguen por la página web del CSE los resultados electorales. Lentos, pero seguros. Confiables. Puros, incontaminados. Por esas paradojas de la historia, nuestro sistema demostró ser más eficiente que el hasta ayer infalible sistema norteamericano.

Por lo demás, las elecciones del pasado cinco de noviembre, demostraron, pese a los errores propios del proceso, que el sistema informativo funciona y que la tecnología de punta que se utilizó fue la más adecuada. Ahora que ya se probó, lo que falta ahora es perfeccionarlo, y enmendar los entuertos para garantizar mayores niveles de credibilidad en las elecciones presidenciales. Las suspicacias políticas irán desapareciendo con el tiempo. Entonces, el marcador tendrá que ser certero y firme: el CSE ha ganado dos a cero la partida.

* El autor es Director de Prensa del CSE.  

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