Ataques chavistas

Sin dudas que fue desproporcionada la reacción del Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, al Editorial de LA PRENSA sobre su visita a Nicaragua que publicamos el sábado 18 de noviembre.

Pero la arremetida del mandatario venezolano contra LA PRENSA no fue una sorpresa. En términos iguales o peores se ha referido Chávez a la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), cuando ésta ha criticado sus ataques a la libertad de información, su agresividad constante, verbal y de hecho, contra los periódicos y periodistas independientes de Venezuela.

Nadie puede decir, con veracidad, que en nuestro comentario editorial del 18 de noviembre ofendimos al Presidente Chávez como persona o como gobernante. Los juicios que expresamos sobre él son los mismos que se publican en los medios de comunicación independientes de Venezuela e internacionales. Precisamente, en esta misma edición publicamos un artículo enviado por la agencia de prensa internacional AIPE, escrito por el profesor de la Universidad Simón Bolívar de Venezuela, Aníbal Romero, en el que este prestigioso cientista político demuestra que el modelo de gobierno del Presidente Chávez, “se trata de un esquema cuasi-dictatorial, basado en el mando centralizado por parte del caudillo y la subordinación de los poderes Legislativo y Judicial a su voluntad, todo ello enmarcado en una creciente participación política de los militares y en constantes ejercicios plebiscitarios, que conceden una espuria legitimidad a un régimen profundamente autoritario”.

Todo lo que dijimos en el Editorial del 18 de noviembre sobre el Presidente Hugo Chávez y su gobierno es cierto, está respaldado con hechos; inclusive la referencia a que Hugo Chávez se considera a sí mismo como la reencarnación de Simón Bolívar, y que en una entrevista de prensa colocó una silla adicional para que se sentara junto a él el espíritu del Libertador, lo cual fue contada por un periodista internacional a Carlos Alberto Montaner, quien a su vez lo comentó en una conferencia que dictó el 6 de septiembre de 1999 en la Universidad Americana de Managua (UAM), ante un numeroso auditorio de periodistas, políticos, profesores y estudiantes de diversas disciplinas. E igualmente ciertos son los datos que mencionamos en el Editorial del 18 de noviembre, sobre la fuga de capitales y de recursos humanos de Venezuela desde que el país cayó en poder del autoritario Presidente Hugo Chávez.

Pero ya es conocida la intolerancia del Presidente Hugo Chávez, así como su mala costumbre de tildar de mentirosos a los medios de comunicación y a los periodistas que critican su desmesurada concentración de poder y su intolerancia hacia las libertades democráticas, en particular hacia la libertad de información. De manera que para nosotros constituye un honor que el Presidente Hugo Chávez nos coloque junto a prestigiosos diarios como el Washington Post, The New York Times y otros a los que el dictatorial gobernante de Venezuela ha insultado con epítetos como los que usó para atacar a LA PRENSA de Nicaragua.

En todo caso, reiteramos las opiniones que expresamos en el editorial del sábado 18 de noviembre sobre los planteamientos políticos y el “modelo” dictatorial de gobierno que Chávez está aplicando en su país y que pretende exportar mediante la turbia propuesta de crear una tal “confederación de repúblicas de América Latina y el Caribe”. De la misma manera que nos satisface comprobar que al Presidente Hugo Chávez se le recibió en Nicaragua, tal como lo pedimos en el mencionado Editorial, “con la cordialidad que como Jefe de Estado de un país hermano se merece, y que los lazos de amistad y de respeto mutuo que existen entre Nicaragua y Venezuela permanezcan y se fortalezcan”.

Sólo deploramos que la Orden Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, que fue establecida en honor al más insigne de los luchadores nicaragüenses por la democracia, y que fue concebida para ser otorgada a personas distinguidas en la lucha por la libertad, sobre todo por la libertad de prensa, se le haya impuesto a alguien que se destaca por hacer lo contrario, o sea por ser intolerante, por odiar y atacar a la prensa libre e independiente, no sólo de su propio país sino también de Nicaragua.  

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