El Estado tiene obligación de darle protección física y jurídica a la ciudadanía. Para cumplir con esa responsabilidad, los Estados civilizados se apoyan, en parte, en un cuerpo policial que tiene a su cargo la salvaguarda de la integridad de las personas, así como la preservación del orden y la paz públicos. La sociedad reclama, con justa razón, un entorno tranquilo y seguro donde se pueda vivir, trabajar, y progresar en paz.
En los últimos meses la ciudad de Managua se ha visto afectada y conmovida con una ola de asaltos a bancos y a otras empresas. Por el grado de sofisticación observado en la ejecución de algunos de esos atracos, se sospecha que en la comisión de los mismos pueden haber intervenido individuos con preparación militar o bandas de delincuentes de otros países del área. En el campo también existe un alto grado de violencia e inseguridad. Las pandillas se han multiplicado y han sembrado el terror, no sólo entre los pobladores de algunos barrios capitalinos, sino también en muchas otras ciudades del país.
La Policía Nacional, que tiene bajo su responsabilidad la prevención del crimen y el combate a la delincuencia, siente que ha sido rebasada en su capacidad de respuesta. La semana pasada el jefe de la Policía Nacional, comisionado Franco Montealegre, durante una comparecencia televisiva, señalaba que en los últimos diez años las denuncias de delitos se han incrementado en un 255 por ciento. Ese crecimiento es preocupante, y el hecho de que la inseguridad ciudadana en Nicaragua no haya alcanzado todavía los niveles de otros países de Centroamérica, no debe servirnos de mucho consuelo.
La Policía se queja de que el presupuesto asignado a ella es insuficiente para cumplir con sus obligaciones a cabalidad. Para el año 2001 esa institución solicita un presupuesto de 411 millones de córdobas, aunque se estima que la asignación presupuestaria será de unos 367 millones, incluyendo un aumento salarial escalonado del 50 por ciento. Actualmente un policía gana aproximadamente unos 1,200 córdobas mensuales, lo cual quiere decir que terminaría el año 2001 ganando 1,600 córdobas, cantidad que el comisionado Montealegre considera todavía demasiado baja. También se espera aumentar la fuerza policial en 300 efectivos para finalizar el año entrante con 6,700 miembros.
Montealegre hizo ver, además, que las necesidades de la institución en materia de infraestructura y equipo son enormes, y que para paliarlas se espera una cooperación externa por el orden de los 55 millones de dólares en los próximos cinco años. Parte de esa importante suma se destinaría también a mejorar la eficiencia y profesionalización del cuerpo policíaco. Desde hace varios años algunos países han estado contribuyendo generosamente en ese sentido.
La rotación de personal dentro de la Policía Nacional es bastante alta. Tan sólo en este año se fueron 500 policías, aunque hay que tomar en consideración que un 50 por ciento de esos 500 fueron despedidos por diversas razones, y como parte del plan de depuración de la institución.
Para realizar el aumento de personal previsto será preciso entrevistar a un gran número de solicitantes a fin de seleccionar a los mejores y a aquellos que tengan verdadera vocación de servicio. El trabajo policial no es fácil e implica altos riesgos. En este sentido es justo reconocer que la mayor parte de los policías hacen muy bien su trabajo, pero, lamentablemente, todavía hay algunos que dejan muchísimo que desear en sus actitudes y su comportamiento.
La seguridad ciudadana requiere de un cuerpo policial profesional, bien educado y eficiente. Ello se puede alcanzar con un buen entrenamiento, un buen equipamiento y una buena selección, pero asimismo es indispensable que exista una mejor remuneración. En la asignación presupuestaria del año 2001 la Policía Nacional debe de ser prioritaria. Cuando los legisladores analicen el Presupuesto General de la República del próximo año, deben escudriñar muy bien la verdadera utilidad de todas las partidas, a fin de recortar donde sea posible y asignarle a la institución policial el máximo presupuesto posible.