Pbro. Silvio Fonseca Martínez
Congregará a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 13, 24-32
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando lleguen aquellos días, después de la gran tribulación la luz del Sol se apagará, no brillará la Luna, caerán del cielo las estrellas y el universo entero se conmoverá. Entonces verán venir al Hijo del Hombre sobre las nubes con gran poder y majestad. Y El enviará a los ángeles a congregar a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales y desde lo más profundo de la tierra a lo más alto del cielo.
“Entiendan esto con el ejemplo de la higuera. Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las hojas, ustedes saben que el verano está cerca. Así también, cuando vean ustedes que suceden estas cosas sepan que el fin ya está cerca, ya está a la puerta. En verdad que no pasará esta generación sin que todo esto se cumpla. Podrán dejar de existir el cielo y la tierra pero mis palabras no dejarán de cumplirse. Nadie conoce el día ni la hora. Ni los ángeles del cielo ni el Hijo; solamente el Padre”.
Palabra del Señor.
Lecturas Bíblicas: Daniel 7,13-14/Apocalipsis 1,5-8/San Marcos 13,24-32
El lenguaje apocalíptico y poético de este domingo puede ser entendido de muchas maneras para aplicarlo a la vida personal o a la historia de un pueblo, pues también el texto dice que la primavera está cerca… (Mc. 13,28); sin fe y sin objetividad alguien puede apropiárselo para sus propios pensamientos y fines personales. El cristiano encontrará una gran luz y sabiduría en las lecturas de hoy para interpretar los signos de los tiempos en torno a los momentos que vivimos.
Siguiendo el calendario litúrgico el Apocalipsis de hoy nos prepara a la solemnidad de Cristo Rey que vendrá a juzgar a este mundo que la humanidad construye y destruye. La primera lectura revela la defensa de Dios para su Pueblo amenazado, hostigado y perseguido permanentemente por las huestes del mal, que aunque aparentemente triunfa y se ríe sobre el bien, Dios, a través del Arcángel Miguel lo defiende y no permitirá que triunfe sobre su Pueblo elegido. Jesucristo, el “Hijo del Hombre”; figura conocida y manejada en el Antiguo Testamento para referirse al Hijo de Dios, será quien asuma personalmente esta batalla y su triunfo se libró en la Cruz y se manifestará radiantemente en el Juicio Final.
Nos encontramos aquí en uno de los pasajes clásicos de la lucha entre el bien y el mal; como bien sabemos la Sagrada Escritura es uno de los libros religiosos por excelencia que revela y explica al hombre sobre esta verdad, que lamentablemente algunos lo reflexionan como un mito y superstición. Para los cristianos es una Fe Revelada y vive en una permanente lucha por librarse de ese mal que lo oprime, depositando toda su confianza en Dios y creyendo en la existencia de los ángeles y arcángeles; en este caso San Miguel que tiene esta misión.
Tratando de encontrar fortaleza en el texto revelado, específicamente en el Evangelio no podemos negar la figura del mal que nos trae: “El Sol se oscurecerá y la Luna no dará su resplandor, las estrellas irán cayendo del cielo y las fuerzas que están en los cielos serán sacudidas” (Mc. 13,25). Imaginarse que esto se cumpla textualmente a cualquiera le inspira temor y horror; sin embargo cualquier sensato interpreta que cuando elegimos por propia voluntad el mal, sea optando por un estado de vida, o por un partido, tarde o temprano veremos que aquella estrella luminosa y sol resplandeciente que se nos presentó, se convirtió después en una tiniebla, donde el Sol y la Luna se apagaron; que Dios permitió dejarnos llevar por nuestros propios criterios y no según el Espíritu del Señor; hasta aquí se manifiesta el respeto de Dios para con su Pueblo, que le ha dado la libertad, como el don más precioso de su amor.
Para finalizar invito a rezar la oración de San Miguel Arcángel, que antes del Concilio se rezaba después de la comunión en las misas. Recemos así la oración:
San Miguel Arcángel
defiéndenos en la batalla
nuestro amparo contra las
perversidades y asechanzas del
demonio.
Que lo reprima Dios
rogamos suplicantes:
y a vos Príncipe de la Milicia
Celestial
sujeta con el Divino Poder
sepultando en el infierno
a Satanás y demás espíritus
malignos
que merodean por el mundo
buscando la perdición de las almas
Amén.