El martes de la semana próxima está supuesto a llegar a Nicaragua en visita de cortesía el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Es muy posible, sin embargo, que el presidente venezolano tenga que posponer su viaje a causa de las inundaciones que ha sufrido su país en los últimos días. Nicaragua goza de excelentes relaciones con Venezuela, y desde 1980, junto con los otros países centroamericanos, ha sido beneficiada por ese país suramericano —al igual que por México— con un precio preferencial en su factura petrolera.
Chávez fue ratificado este año en la Presidencia con una mayoría abrumadora de votos. En 1992, siendo coronel del ejército, lideró un fallido golpe de Estado y fue encarcelado, pero posteriormente el Presidente Rafael Caldera lo amnistió. Su pasado golpista, lejos de perjudicarlo políticamente, le abrió el camino a la Presidencia.
Su estilo de gobernar se ha caracterizado por ser marcadamente autoritario y populista. La revista de negocios Latin CEO, en su edición del mes pasado, señala que Chávez ha asustado al sector empresarial, cientos de negocios han cerrado, mucho personal calificado ha abandonado el país, y se han fugado más de 7,000 millones de dólares.
Su deseo de acumular poder parece no tener límites. Tan sólo la semana antepasada la Asamblea Nacional —controlada mayoritariamente por su partido—, le cedió a Chávez el poder de pasar leyes por decreto y sin necesidad de ningún debate parlamentario por el término de un año. El mandatario considera que tal poder le era imprescindible para acelerar el proceso de lo que él llama la “Revolución Bolivariana”.
Muchos venezolanos creen que su presidente se considera la reencarnación del Libertador, Simón Bolívar. El periodista y escritor cubano, Carlos Alberto Montaner, cuenta que en una oportunidad que lo entrevistó notó que había tres sillas en torno a la mesa en la que se haría la entrevista, razón por la cual Montaner le preguntó que si esperaban a alguien más. Chávez le respondió muy seriamente que esa tercera silla estaba reservada para “El Libertador”.
La Conferencia Episcopal y los medios de comunicación son objeto de ataque en sus discursos, pero sus blancos favoritos son el sistema de mercado y los Estados Unidos. A principios de este mismo mes, dos de los principales diarios estadounidenses —el Washington Post y el New York Times— editorializaron expresando su preocupación por las acciones de Chávez.
En el pasado mes de septiembre fue anfitrión en Caracas de la segunda reunión de Jefes de Estado de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), el cartel que controla el 40 por ciento del petróleo mundial. En su discurso, Chávez dijo que la OPEP debe tomar el liderazgo en las discusiones sobre “la pobreza, la desigualdad en el mundo, la deuda externa y la independencia de las naciones…”. A las claras se ve que el presidente venezolano desea utilizar a la OPEP para proyectarse internacionalmente.
A finales del mes pasado Fidel Castro visitó Venezuela por cinco días, y pronosticó que Chávez será un líder de América Latina y del Tercer Mundo. Chávez, por su parte, refiriéndose a Castro dijo: “Además de la gran amistad que nos une, tenemos la misma visión geopolítica”. Esas declaraciones y el contenido de muchos de sus discursos nos permiten anticipar un gran activismo político de su parte más allá de las fronteras venezolanas. No sólo es evidente su deseo de hacerlo, sino que, debido a los altos precios del petróleo, cuenta con suficientes recursos como para financiar sus aventuras geopolíticas.
Muy seguramente que a Daniel Ortega no se le ha escapado el discurso tercermundista del presidente venezolano a quien debe considerar un aliado ideológico que pudiera apoyarlo en su carrera por la Presidencia. El Presidente Alemán, por su parte, anunció el lunes pasado que le solicitará que Venezuela financie la pavimentación del trecho de carretera entre Mulukukú y Río Blanco, asegurando que, de conseguirlo, ese tramo llevaría el nombre del mandatario venezolano.
Esperemos que si el Presidente Chávez logra visitar Nicaragua en los próximos días, o en cualquier otro momento, sea recibido con la cordialidad que como Jefe de Estado de un país hermano se merece, y que los lazos de amistad y de respeto mutuo que existen entre Nicaragua y Venezuela permanezcan y se fortalezcan.