Desprotección ciudadana

Por este medio deseo exponerle al director de la Policía Nacional, Comisionado Franco Montealegre, el siguiente caso:

Concluida una velada televisiva de boxeo el pasado sábado por la noche, mi hermano Ronaldo Estrada acompañado de amistades, emprendieron el regreso a sus hogares. Cuando circulaban por la vecindad de Vía Fontana el vehículo fue agredido a pedradas por una pandilla en un intento de detenerlo obviamente para cometer un robo y muy probablemente seguido de asesinato. Mi hermano sufrió una seria lesión en la cara y todos lo vidrios del automóvil fueron destruidos.

Me inquieta pensar en las consecuencias penales que gravitarían si uno de sus amigos hubiese portado un arma de fuego y en su defensa disparase a los atacantes para neutralizarlos y derivar un trágico suceso. Me preocupa en este caso la posible acción de la Policía y de los medios informativos, que al publicitar el hecho se mencionaría el nombre del agredido, que además de evidenciarlo ante la delincuencia organizada, enfrentaría una penosa y costosa labor judicial.

La ciudadanía se está cansando de acciones delictivas incontenibles. Los sociólogos aducen que es provocada por la pobreza y el reto desquiciante del consumismo. Los leguleyos nos explican que la mayoría la constituyen menores de edad que no son punibles, por manera que si son de 16 años no pueden ser castigados por agredir, robar o matar, pero sí pueden votar porque lo más seguro es que sean “revolucionarios”.

La Policía indudablemente abriga los buenos deseos de proteger, ya que cuenta con buena preparación, pero no hay presupuesto, no disponen de vehículos suficientes y carecen de combustible para los pocos que tienen.

Ante esa situación tan evidente que padecemos todos, la interrogante en concreto sería: ¿Cuál debería de ser la actitud de un ciudadano en un inesperado caso de asalto o amenaza? ¿Aceptar pasivamente el asalto y posible muerte o repeler la agresión con su arma de fuego?

Si el resultado es funesto y queda en desuso total y permanente un desperdicio social envilecido que nos ataca, ¿qué harían los tribunales de justicia y la Policía con relación a un ciudadano honesto que defendió su vida? Es cierto que el conglomerado nacional tenga orientaciones precisas frente a actos delictivos que son cotidianos. Si la Policía no está en capacidad de protegernos y los jueces actúan como lo hemos visto, ¿qué hacemos?

Armando Estrada Vélez.  

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