Como seres humanos varias veces nos hemos sentido desilusionados ante actitudes egoístas o mal agradecidas de personas a las que hemos dado un voto de confianza. Creo que el mayor defecto de una persona sea esta peculiar actitud, muy de moda en nuestra casta política.
Los políticos de nuestra época padecen del mismo mal todos ellos, cuando se trata de campañas prometen hasta más no poder y una vez que obtienen sus objetivos se olvidan de sus promesas y comienzan a hacer un análisis errado en un afán de sentirse bien con sus conciencias, sofismas que con argumentos de politiquería tratan de apoyar una tesis que primeramente apoye sus intereses y luego a otros sectores y si dentro de esos sectores está la clase más humilde, que bien, si no, lo siento mucho.
Así que nuestros políticos son expertos en el arte del güegüense arte que para desdicha se les revierte, pues el pueblo al fin y al cabo los conoce y ante las marrulladas de los políticos sabe cobrarles las facturas por eso es que muchos de ellos pasan al olvido rápidamente, son homenajeados, bien recibidos a donde quiera que llegan con pleitesía y reverencia y lo gracioso es que se las creen, pero al final de cuentas terminan sus períodos y el pueblo no quiere saber más de ellos y pasan a la interminable lista del olvido.
Sería hasta cierto punto de ayudar con un estudio de retroalimentación a nuestros diputados, ministros, viceministros y directores de entes autónomos, que en la actualidad tienen cuotas de poder, les parece que la fuente de poder emana de ellos mismos y no del pueblo, muchos que cometieron esa torpeza se lamentan de no haber aprovechado esa oportunidad para el bien de la sociedad, de sus subordinados y de sus familias pues se llenaron de orgullo y prepotencia.
Los nicaragüenses debemos buscar dirigentes idóneos que sean realistas y con conocimientos actuales capaces de hacer desaparecer la envidia, la revancha, el odio y hagan del Gobierno un crisol de ideas fulgurantes con el propósito de crecer en todos los campos, que nuestros dirigentes sean además de intelectos y conocedores de nuestras riquezas y de nuestra pobreza que sean visitadores del terreno que gobiernan y trabajadores sin horarios. Al agradecer su amable atención, me valgo de la oportunidad para expresarle las muestras de mi más alta estima y consideración.
Simón Moraga Calero,
La Concepción, Masaya.