Jaime Incer
El distinguido director de la escuela agrícola Panamericana El Zamorano, Dr. Keith Andrews, a quien conocí y traté hace algunos años, ha expresado en reciente entrevista a LA PRENSA su preocupación por el desarrollo de nuestro país. Aquí sólo presenta y comenta algunas de sus inquietudes sobre nuestro futuro por lo válidas y oportunas como para inducir un cambio de visión en el desarrollo de Nicaragua.
Sostiene el Dr. Andrews: “Es importante reconocer que la producción requiere inversión en esfuerzo, dinero y trabajo inteligente. Nicaragua necesita invertir mucho en proteger y restaurar el ambiente, porque las bases de una buena protección agropecuaria son el ambiente, la biodiversidad, el suelo y las fuentes de agua”.
Pregunto: ¿Cuánto se ha invertido en el pasado, o se está presupuestando en el presente, para aprovechar mejor esas bases del desarrollo e impedir que se sigan deteriorando?
Dr. Andrews.- “Los suelos de Chinandega son los mejores de Centroamérica. ¿Cuánta riqueza está produciendo esa zona?
No lo podría decir. No sé cómo se aprovechan las áreas para los bosques más productivos de América Central. O es que tienen mentalidad extractivista y no de implementación.
Los nicaragüenses podrían ser los líderes mundiales en el procesamiento de la madera, pero ¿cuál va a ser el futuro de esa inversión si no se están sembrando árboles?
Pregunto: El cultivo intensivo y la ganadería extensiva sin el resguardo forestal ¿están destruyendo los suelos, los bosques, las aguas, es decir, la base real de la producción nacional?. Concretamente nuestros suelos volcánicos en el Occidente son los más vulnerables a la erosión, como lo fueron en el pasado a la contaminación. La deforestación irracional campea en los bosques de la Costa Atlántica.
Dr. Andrews.- “Nicaragua no tiene menos biodiversidad que Costa Rica, pero Costa Rica se vende a nivel del mundo como el gran salvador y museo vivo de la biodiversidad.
Pregunto: ¿Qué protección efectiva reciben las noventa Áreas Protegidas y Reservas Naturales, que son santuarios de nuestra biodiversidad, ante el avance despalador de la frontera agrícola? ¿Quién cuida de nuestros lagos y ríos para evitar que se contaminen, y no sean utilizados para criar tilapias africanas en gran escala, que amenazan con desaparecer la ictiofauna nativa? ¿Por qué‚ no ofertar nuestra biodiversidad al ecoturismo internacional, o ante el mercado mundial del carbono como lo hace Costa Rica?
Dr. Andrews.- “El problema de Nicaragua, en estos momentos, es que no hubo en los últimos cien años suficiente inversión en recursos humanos. En general los estudiantes nicaragüenses tienen deficiencias mayores en matemáticas y ciencias básicas. Puedo decir que Nicaragua no está ni cerca de los estándares internacionales de preparación secundaria a los que debe aspirar”.
Pregunto: ¿Qué habrá pasado con los primeros 12 laboratorios de física, química y biología que me tocó montar en varios institutos públicos de Nicaragua en el año de 1965, cuando fui asesor de planificación del Ministerio de Educación? ¿Qué se hicieron los centenares de estudiantes a los que impartí clases de ciencias en la UNAN y en la UCA por 16 años consecutivos? ¿Acaso tuvieron oportunidad de posgraduarse, o al menos consiguieron empleo según las carreras que estudiaron?
El Dr. Keith Andrews finalmente concluye que necesitamos un tipo de educación, no simple alfabetización, capaz de crear autoconfianza e identificación cultural, sin dejar de pretender ser personas cosmopolitas, capaces de aceptar los conocimientos del mundo para ser validados y aplicados aquí. Personas que puedan moverse en el mundo entero estableciendo y aprovechando nichos para crear empresas productivas en Nicaragua.
Creo que estas consideraciones del director de El Zamorano son un oportuno llamado de atención a los gobiernos, a las universidades y a la iniciativa privada. Se trata de una opción realista para ser retomada por el largamente esperado y necesario Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), creado en esta semana por la Presidencia de la República, al integrar empresarios y académicos en una fusión de músculos y cerebros para afrontar los retos presentes y aprovechar las futuras oportunidades que tiene Nicaragua al ingresar en el siglo XXI.
* El autor es miembro del CONACYT y del Consejo Editorial de LA PRENSA.