Somos fruto de una realidad

Augusto Cordón

Si bien es cierto que los orígenes, conformaciones sociales y étnicas de los pueblos determinan el futuro, vida y desarrollo de los mismos, también existen circunstancias que pueden modificar esta predisposición a ser mejor o peor en cuanto al desarrollo social o calidad de vida.

Nicaragua y Costa Rica tuvieron originalmente parecidas conformaciones sociales, no las mismas. Nuestra sociedad se fundamenta en base a una conquista violenta y a un mestizaje también violento, que en parte nos diseñó y trazó el camino y eso nos marca la diferencia con el país vecino. Camino que hemos transitado repleto de desasosiegos y de esperanzas frustradas, de altos y bajos y de más errores que aciertos.

No hemos enfrentado el punto vital de nuestra limitación más seria: el proceso educacional. Hemos persistido, con una insistencia rayana en lo obsesivo en no fomentar la mejor inversión de formar y educar a hombres y mujeres en su época de niños. Y por eso nos encontramos en el atolladero, sin vislumbrar siquiera cómo se saldrá, ni por dónde hay que avanzar, ni qué camino seguir, víctimas de nuestras propias circunstancias. Nuestra gran equivocación ha sido no considerar al potencial humano como la clave del desarrollo y haber dejado pasar el tiempo sin cultivar la mente del pueblo nicaragüense.

Nuestro país, prodigiosamente agrícola, de unos recursos productivos generosos ha transitado por períodos de guerra y luchas internas; nos llegó la dictadura, la revolución, luego una transición que constituyó una excelente oportunidad de reflexión profunda y hoy diera la impresión que estamos de nuevo en el inicio de un nuevo ciclo que además de fatídico resulta burdamente patético. Sólo valoramos el pasado para abrir heridas y no para que sea una referencia histórica de iniciar el rescate del futuro de nuestros niños y jóvenes, capitalizando con conciencia colectiva el relegado concepto de nación.

Quizás en el 2001 el pueblo nicaragüense tenga la madurez de elegir gente con sensatez suficiente, que reflexionen y analicen nuestra realidad y que la comprendan. No es mucho pedir. Comprendiéndola, es más fácil iniciar acciones acertadas que en forma acumulativa vayan generando resultados lentos, pero seguros. Planifiquemos nuestras acciones en materia educativa no con visión de gobierno de turno, sino de tres, cuatro, esto tiene que ser como una carrera de relevo. Sin pretender avanzar más de lo que la realidad lo permite y sin el sentido cortoplacista y politiquero que caracteriza a nuestros sistemas políticos.

* El autor es experto en temas agropecuarios y productor del Departamento de Rivas.  

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