Karla Marenco [email protected]
Que don Alejandro Fiallos haya llorado en público por la derrota electoral de los liberales, no tiene nada de malo. Al contrario, el llanto es sinónimo de fuerza y los hombres que se atreven a llorar demuestran que son sensibles y que no son “machos” como lo aparentan.
¿Me va a decir don William Báez que usted no lloró por su derrota política? Si no lo hizo, qué bien porque no lo necesitó. Si lo hizo, lo felicito por haberse desahogado, aunque sea en privado.
Descalificar el llanto de un adversario político o de cualquier hombre, me parece una postura discriminatoria e impropia de nuestros tiempos, pero más allá de eso, me parece incorrecto de parte suya, pues no contribuye en nada a esa cultura de paz y respeto que tanto ansiamos los nicaragüenses y que debería ser su bandera. Por qué cree que el discurso conciliador de don Herty Lewites, le sirvió para ganar. O aquella imagen sencilla y no confrontativa de doña Violeta Barrios frente a la figura del “Gallo Ennavajado”, le valió el triunfo. Piénselo un poco.
El llanto no es exclusivo para las mujeres. Eso es un error que nos han inculcado a todos desde chiquitos y por eso es que muchos hombres utilizan otras formas para desahogarse como las palabrotas, los golpes y en el peor de los casos, la droga y el alcohol son el escape favorito
Al margen del color político de Fiallos, el cual respeto, pero no comparto, creo que no lo hace menos hombre el hecho de que llore y exprese sus sentimientos por una meta que no alcanzó.
Me extraña sobremanera que don William Báez critique ese hecho, pues él trabajó para una institución donde se trata de promover la igualdad entre mujeres y hombres y se busca a través de charlas conyugales que los hombres se sensibilicen ante los problemas de sus mujeres, de sus hijos e hijas y de la sociedad que nos rodea.
A estas alturas de la historia don William, considero que llorar es sinónimo de entereza y no de debilidad. Es sinónimo de expresar lo que uno siente de una forma sencilla, sin ofender a nadie. Es la manera más sana para que todos los seres humanos saquemos lo bueno y lo malo que llevamos por dentro cuando tenemos una alegría o una pena para luego sentirnos aliviados.
Fue mejor que el hombre llorara y no que pegara un grito o insultara a alguien, como lo hacen muchos políticos cuando pierden los estribos, incluso, como lo hizo en algún momento el propio Fiallos contra sus adversarios políticos.
Cuando un hombre y Dios guarde, cuando un político demuestra su interior en público, es como una tormenta, como un torbellino. La gente se queda callada, los hombres agachan la cabeza y no hayan dónde meterse porque se sienten descubiertos.
¡El silencio es de los inteligentes!. La burla, la ironía, la mofa de los sentimientos de los demás, no es sano don William, menos tratándose de un personaje público como usted. Así no se atraen simpatizantes y menos votos ¿o es que se le olvidó que todavía sigue la contienda electoral?
* La autora es periodista de LA PRENSA.